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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 110

El secretario lucía un poco abrumado por la situación, pero aun así asintió obediente.

—Señorita Magdalena, por favor, sígame.

Josefina se mordió los labios hasta casi sacarse sangre. Justo cuando se preparaba para replicar, la puerta de la habitación se abrió de par en par.

La imponente y esbelta figura de Benjamín apareció en el umbral. En las manos cargaba un par de regalos de cortesía.

Recorrió la estancia con sus agudos ojos y de inmediato posó su atención en Jimena.

—Doña Jimena, ¿cómo amaneció el día de hoy? —preguntó con calidez.

Sosteniéndose la cabeza, Jimena hizo un gran esfuerzo por esbozar una sonrisa.

—Ya mucho mejor... Benjamín, ¿hoy no tuviste mucho jale en el trabajo?

—No tanto. De igual manera, me quedé con el pendiente, así que decidí darme una vuelta por acá —contestó él.

Luego de responder, posó su vista en Andrés.

—Don Andrés, ¿qué es todo este alboroto?

Como Andrés aún traía los humos por los cielos, la llegada de su yerno no hizo mella en su humor; simplemente le contestó con frialdad:

—Lo mismo de anoche.

A continuación, miró de reojo a su empleado.

—¿Qué espera?

El secretario obedeció y caminó de volada hacia la puerta, con Magdalena pisándole los talones.

¡Josefina saltó como un resorte y les bloqueó el paso!

—¡Ya les dije que ni madres!

Benjamín examinó el rostro macilento de la mujer; traía los labios ensangrentados y su frágil complexión parecía al borde del desmayo.

—Asumo que le van a ceder acciones de la empresa a Magdalena —infirió en voz alta.

—Exactamente —confirmó Andrés con un asentimiento.

—Me parece justo —comentó Benjamín con un tono tan sereno que fue imposible detectar la más mínima emoción en su atractivo rostro.

—¡¿Pero qué diablos estás diciendo?! —estalló Josefina. Sintió que la cabeza le daba de vueltas y su rostro se tornó más pálido que una hoja de papel.

Ella estaba rompiéndose el lomo peleando por lo que era suyo.

¿Y él se presentaba de la nada para aplaudirle las decisiones arbitrarias a la familia León?

¡¿Por qué maldita sea?!

¡El mismísimo Benjamín Gutiérrez había salido en su defensa!

¡Sin duda alguna se había tragado enteritas todas sus mentiras!

«¿Se habrá dado cuenta de que se casó con la mujer equivocada, y por eso ahora quiere compensarme?».

De milagro lograba tragarse las enormes ganas que tenía de brincar de la felicidad ahí mismo en la habitación.

De reojo observó a Josefina, y al instante presenció su lúgubre apariencia al borde del desmayo.

Qué patético...

La pobre niñita rica a la que siempre le habían dado en la boca, poco a poco iba cayendo en el infierno más oscuro de la humillación.

Cada quien en la habitación andaba perdido en sus propias alucinaciones. Sin inmutarse, Benjamín contempló a Josefina con sus oscuros ojos y habló pausadamente con su grave tono de voz:

—En vista de que usted ya tomó la decisión final, don Andrés, yo no tengo derecho de oponerme... no obstante...

Andrés levantó una ceja y lo cuestionó de inmediato:

—¿No obstante qué?

—Magdalena es simplemente una hija adoptiva que no cuenta con el más mínimo bagaje ni la pericia corporativa, y tampoco le ha otorgado ninguna gran aportación a la firma que digamos —continuó Benjamín—. Regalarle un cinco por ciento resulta algo excesivo... Concederle solo un tres suena muchísimo más sensato, pues le evitará pleitos innecesarios en caso de que la junta del Grupo León intente intervenir.

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