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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 14

Cristóbal se quedó sin palabras ante tal comentario.

Respiró hondo y agregó: —Te voy a mandar la captura de lo que subió Josefina. Medio mundo ya se enteró del chisme, así que más te vale ir aclarando las cosas.

Al colgar la llamada, le llegó una notificación de WhatsApp con la foto.

Al abrirla, vio la publicación que Josefina había hecho en Instagram.

Al leer el texto y ver la imagen que había puesto, las cejas perfectas de Benjamín se juntaron en un gesto de tensión extrema.

La mandíbula se le tensó por completo y el ambiente a su alrededor se volvió pesado y gélido.

—Benjamín, Jose nos malinterpretó —dijo Magdalena, acercándose con el celular en la mano—. Con eso que subió a Instagram, solo va a provocar que se burlen de nosotros. Mejor voy a hablar con ella para explicárselo.

A Benjamín le saltó un tic en la frente.

Magdalena sí podía ver las publicaciones de Josefina.

Él era el único que no.

¿De verdad lo había bloqueado?

Benjamín rechazó esa idea de inmediato en su cabeza.

Era imposible que lo hubiera bloqueado.

Ella lo amaba demasiado como para hacer algo así.

Bloqueó la pantalla de su celular y le dijo a Magdalena: —Hazte cargo de Alberto y asegúrate de que lo de anoche no se repita. Si vuelve a pasar, te quito la custodia.

Magdalena palideció de golpe. —Entendido... Es que me desesperé, creí haber visto a mi... papá biológico.

A Benjamín le tenía sin cuidado lo que tuviera que ver con ella.

Volteó a ver a Helena y dijo: —Abuela, ya me voy.

—Pero si Alberto quería jugar contigo. Quédate otro ratito —intentó convencerlo Helena.

Pero Benjamín le contestó con frialdad: —Hoy no hay tele ni juguetes en todo el día. Que se ponga a hacer planas de letras en su cuaderno.

Helena se quedó pasmada. —Benjamín, ¿por qué le haces esto?

Benjamín se dio la vuelta y se marchó con pasos largos, perdiéndose en la distancia.

***

Josefina deambulaba por la calle, sintiéndose como un zombi.

El dolor en las rodillas la tenía pálida, pero no tenía la menor intención de detenerse.

Así era mejor; el dolor servía para que aprendiera la lección.

Para que nunca se le olvidara qué clase de tipo era realmente el hombre al que le había entregado los últimos ocho años de su vida.

El celular no paraba de sonar en su bolsa. Al final, contestó de forma mecánica. Era la voz furiosa de Andrés: —Josefina, ¿no tienes tantita vergüenza? ¿Qué estupidez es esa de "felicidades a la pareja reunida"? ¡Es tu marido! ¿Acaso quieres dejar el apellido de los Gutiérrez y de la familia León en completo ridículo frente a todos?

De fondo, se escuchó la voz suave de Jimena intentando calmarlo: —No te desquites con nuestra hija, ella también la debe estar pasando mal.

—¿Pasándola mal de qué? ¡Lo que tiene es que es una berrinchuda! Ya que Diego se murió, ¿qué tiene de malo que Benjamín cuide a su sobrino? ¿Por qué tiene que ser tan envidiosa? —soltó Andrés con un bufido.

Acto seguido, le soltó una orden tajante: —¡Borra esa publicación de inmediato o te cancelo las tarjetas! ¡Últimamente andas muy alzadita!

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