Josefina apretó el volante con fuerza, con una expresión sombría.
¡La había engañado otra vez!
Sacó su celular para llamarlo, pero mandaba directo a buzón.
Golpeó el volante con furia, al borde del colapso.
En ese momento sonó su celular. Miró la pantalla, frunció el ceño y contestó:
—¿Bueno?
—¡Josefina, ¿dónde estás?! ¡Tienes que ayudar a Benjamín! —se escuchó la voz desesperada de Cristóbal.
Josefina apretó más el volante.
—¿Ya se va a morir?
Cristóbal se quedó sin palabras por un segundo, pero luego respondió:
—No, le dieron una paliza. Está muy malherido, lo llevaron inconsciente al hospital y no deja de decir tu nombre. Josefina, por favor, ven rápido.
Josefina soltó una risa cargada de sarcasmo.
—Pues avísame cuando se muera.
Dicho esto, le colgó de inmediato.
Sin embargo, apretó su celular con fuerza.
¿Por qué lo habían castigado? ¿Quién tendría el poder para hacerle eso?
Sus padres ahora eran médicos sin fronteras y rara vez estaban en casa. Helena ya era muy mayor y, con la muerte de Diego, Benjamín tenía el control absoluto de la familia Gutiérrez.
Luego, sintió un nudo en el estómago.
Justo ahora tenía que salir lastimado. Había esperado tanto por esa oportunidad para firmar el divorcio.
Condujo de regreso, pero apenas llegó a la entrada de la casa, su celular sonó de nuevo. Al revisar la pantalla, vio que era una llamada de la mansión Gutiérrez.
En esos tiempos, de verdad luchaban juntos por un futuro. Pero ahora todo era un desastre.
—Sí, quiero divorciarme —respondió Josefina sin rodeos—. Como de todos modos nunca le agradé, mejor convenza a su nieto de que firme el acta de divorcio en el Registro Civil. Así les ahorro a los Gutiérrez más dolores de cabeza.
—¡Qué vergüenza! —Helena levantó la voz aún más—. ¿Crees que el divorcio es un juego? Si te casaste con Benjamín, te quedas con él para toda la vida. Te lo advierto, jamás permitiré que se separen. ¡En la familia Gutiérrez no hay un solo divorcio!
Dicho esto, la anciana le colgó furiosa.
A Josefina solo le dio risa. ¿En qué época vivían? ¿De verdad creía que podía impedir un divorcio? Ella iba a separarse a como diera lugar.
Se bajó de su coche y le lanzó las llaves a uno de los guardias. El hombre la miró con una expresión bastante complicada.
¿Quién se iba a imaginar que la gran señora Gutiérrez se saltaría el muro para escapar, provocando que el señor Gutiérrez los despidiera a todos?
Josefina no les hizo caso y entró en la mansión. Estaba agotada; solo quería darse un baño y dormir.
La habitación estaba completamente a oscuras. Salió de bañarse, destapó la cama y se acostó, pero al segundo siguiente abrió los ojos de golpe.
En ese momento, un brazo rodeó su cuerpo. ¡La temperatura de aquella piel estaba tan alta que casi sentía que la quemaba!

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