—Me quedé sin dinero —respondió con indiferencia. Jugaba entre sus dedos con el gigantesco diamante en forma de gota, cuya montadura imitaba finas capas de pétalos de rosa; era una pieza verdaderamente exquisita.
Le había encantado desde el primer momento en que lo vio.
Y tiempo después, él se le declaró con él en la mano.
Le había conmovido tanto su esfuerzo que se la pasó llorando a mares.
Aquel anillo era como el testigo absoluto de su historia de amor.
Pero como ya no había amor, el matrimonio se había vuelto asfixiante y su vida empeoraba a cada segundo.
Había pensado que, para empezar de cero, lo único sensato era cortar de raíz con el pasado.
Por eso estaba dispuesta a deshacerse de cualquier cosa que la uniera a él.
Silvia se quedó callada, como buscando las palabras adecuadas.
—¡Ese cabrón! —explotó finalmente—. ¿De verdad te cortó el dinero? ¡Antes nunca se portaba así!
Josefina soltó una carcajada amarga.
—Sí, ¿cómo fue que acabamos así?
Silvia sintió una gran tristeza por su amiga.
—Ay, amiga, no te preocupes. Yo te paso dinero, te hago una transferencia ahorita. Yo sé que te fascina ese anillo, no lo vendas.
—Ya no lo quiero —replicó con la voz vacía—. Ya no quiero tener nada que ver con él.
Luego de unos instantes de silencio, Silvia aceptó con pesar.
—Está bien.
Una vez que se publicó la oferta, muchas personas preguntaron por la pieza.
Pero ese anillo de trescientos millones de pesos de hace cuatro años, ahora ni siquiera alcanzaba la mitad de su valor original.
Y Josefina de verdad deseaba venderlo por un precio alto, al menos para estar más desahogada de dinero.
Entonces Silvia le aconsejó:
—Mejor vuelve a trabajar. Desde que te casaste no volviste a aceptar proyectos, pero hoy en día la industria de doblaje está desesperada por actrices de voz con tu nivel de talento.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte