—La señora dejó la clínica y fue al hospital a visitar a Manuel Fuentes —dijo el guardaespaldas—. Después de salir, subió a un auto que se detuvo a mitad de camino. Luego subió a otro vehículo y fue a un bar, donde todavía se encuentra.
Benjamín Gutiérrez escuchó el informe del guardaespaldas, con el rostro ensombrecido, y preguntó:
—¿Está sola?
—Sí —respondió el guardaespaldas.
Benjamín colgó el teléfono, dejando caer la mano a un costado, emanando un aura gélida a su alrededor.
Se dio la vuelta y caminó hacia el sofá, pero por accidente tropezó con un mueble. Detuvo sus pasos y se quedó de pie en el mismo lugar, sin moverse durante un largo rato.
El clima se volvió sombrío y la luz en el estudio se cubrió con un tono grisáceo, creando una atmósfera opresiva y estancada.
Benjamín bajó ligeramente la cabeza. Todo era oscuridad ante sus ojos, pero de repente sintió un dolor agudo en ellos.
El dolor era punzante. Llevó una mano a su sien para masajearla, pero el sufrimiento era tan intenso que empezó a marearse.
Perdió el equilibrio, tambaleándose hasta caer al suelo.
Un gemido ahogado de dolor y angustia escapó de su garganta. Se presionó las sienes con fuerza, intentando aliviar la punzada que lo abrumaba.
*Qué extraño. Si se suponía que ya estaba bien, ¿por qué le dolía tanto?*
*¿Qué era exactamente lo que andaba mal?*
...
Josefina se había tomado una botella de licor. El grado de alcohol era muy bajo, no lo suficiente para embriagarla. Simplemente se sentía demasiado mal y quería adormecerse un poco con el alcohol, para dejar de pensar tonterías.
El vaso era muy bonito. Lo sostuvo, haciéndolo girar suavemente con el licor adentro, mientras miraba el líquido moverse sin enfocar la vista.
La música en el bar era suave y lenta. Aún era temprano, por lo que ella era la única clienta.
—Señorita, ¿le gustaría tomar otra copa?
El cantinero detrás de la barra la vio recostada sobre la misma, mirando fijamente la bebida, y se acercó a preguntarle.
Josefina negó con la cabeza y dijo:
—No, ya no. Si tomo de más, es fácil que no recuerde nada.
El cantinero sonrió y respondió:
—La bebida que pidió tiene muy poco alcohol, es casi imposible que pase lo que dice.
Josefina torció los labios y contestó:

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