En cuanto Josefina entró a su departamento en Residencial Las Jacarandas, Lorena se le acercó de un salto. Estaba a punto de preguntarle cómo le había ido cuando vio la herida en su labio. Abrió los ojos como platos y exclamó:
—¡Jose! ¿Qué te pasó en la boca? ¿Alguien te mordió?
A Josefina le tembló un poco el labio al recordar. Asintió.
—¿Quién te mordió? —preguntó Lorena por impulso, pero casi enseguida se dio cuenta de lo absurdo de su pregunta.
Si la herida estaba en los labios, era obvio que había sido durante un beso. ¿A quién besaría Josefina?
¿A Manuel?
¡Imposible!
Si había ido al hospital a ver a Benjamín para que le firmara el divorcio, el único que pudo haberla mordido fue él.
Lorena tragó saliva, se tapó la boca y parpadeó con cierta vacilación antes de preguntar:
—¿Tú y Benjamín...?
—Se volvió loco, me agarró desprevenida y pasó esto —explicó Josefina.
Lorena miró la pequeña herida y frunció el ceño. Parecía dolorosa, pero no era muy profunda; en un par de días estaría como nueva.
—¿Todavía tiene ese genio del demonio? —preguntó Lorena.
—Sí —asintió Josefina.
—Entonces... ¿te firmó los papeles? —preguntó con curiosidad.
—No —Josefina negó con la cabeza.
Lorena se quedó de piedra.
—¿Ah? ¿Y ahora qué vas a hacer? ¿No piensa dar su brazo a torcer?
Josefina se dejó caer pesadamente en el sofá y se frotó la sien.
—Dijo que de ahora en adelante cada quien puede hacer su vida por su lado, sin meterse con el otro. Que así estamos bien.
—¿Qué? —Lorena pensó que había escuchado mal—. ¿Eso te dijo? ¿Que cada quien por su lado? ¿Acaso él también piensa buscarse a alguien? ¡¿Él también quiere ser infiel?!
Al escuchar el también salir de la boca de Lorena, Josefina guardó silencio por unos segundos antes de responder.

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