Jairo apartó a Facundo con brusquedad.
—Y ten por seguro que la familia Crespo ajustará esta cuenta contigo, ya verás.
Dicho esto, le indicó a Floriana y a los demás que bajaran primero.
Ya fuera por temor a Jairo o por sentir un ligero atisbo de culpa, esta vez Facundo no los detuvo.
Las heridas de Víctor no eran graves. Solo pasó una noche en el hospital y, al día siguiente, insistió en que le dieran el alta.
Floriana hizo que el chófer fuera a recogerlos. Después de arreglar los trámites, subieron al auto juntos.
A la izquierda de Víctor estaba Floriana, revisando unos temas de trabajo con su asistente, y a su derecha, Carlota, quien se había quedado dormida abrazando su brazo por haber pasado la noche en vela cuidándolo.
Víctor sentía que algo en su pecho estaba a punto de desbordarse. Supuso que esa sensación se llamaba felicidad, algo que parecía no haber experimentado nunca en su vida pasada.
Sin embargo, había algo que no entendía: si su familia se quería tanto, ¿por qué Floriana y él se habían divorciado? Mientras pensaba en eso, de repente recordó que, al buscar información sobre ella en internet, había visto noticias sobre sus recientes escándalos.
—Te hago una pregunta —susurró Víctor.
Floriana, que estaba revisando el itinerario de una sesión fotográfica enviado por su asistente, apenas murmuró un sonido de asentimiento.
—No te divorciaste de mí porque volvieras a enamorarte de Facundo Prado, ¿verdad?
Floriana giró la cabeza y lo miró.
—¿Qué es exactamente lo que quieres preguntar?
—Bueno, si no fue por él que me dejaste, ¿fue porque te enamoraste de alguien más?
—¡Víctor!
—¿Ese hombre es mejor que yo?
Como no tenía ganas de lidiar con eso, Floriana respondió sin darle importancia:
—Mil veces, un millón de veces mejor que tú.
Al escuchar eso, Víctor sintió una punzada en el corazón. Había acertado. Él mismo había investigado a ese hombre más tarde y había visto un montón de fotos íntimas de los dos, pero resultó que el tipo estaba casado y tenía hijos.
Aquel asunto había sido un escándalo enorme, y mucha gente tachó a Floriana de ser la amante. Pero incluso en medio de toda esa presión mediática, el equipo de Floriana nunca salió a desmentirlo, por lo que asumió que era verdad.
Floriana por fin terminó de leer sus documentos y le prestó atención a lo que decía Víctor.
Al ver que a ella no le parecía nada inapropiado, Víctor tosió ligeramente.
—Nada.
Giró la cabeza hacia el otro lado. Seguramente era porque él había perdido diez años de memoria, y en esa década la sociedad se había vuelto mucho más tolerante con ese tipo de cosas. De lo contrario, no entendía cómo Floriana podía admitir algo así sin inmutarse.
Justo en ese momento, un auto que venía detrás aceleró de repente y se estrelló de lleno contra la parte trasera de su vehículo.
El impacto hizo que los tres se sacudieran hacia adelante.
El auto se desvió bruscamente, pero el chófer reaccionó rápido, enderezó el volante y se detuvo a un lado de la carretera.
El auto de atrás también se detuvo, y de él bajó un hombre vestido con un traje negro.
Víctor y el chófer bajaron para lidiar con el asunto. Como Floriana no podía bajar del auto, atrajo a su hija hacia su pecho y dejó que siguiera durmiendo.
Creía que sería un simple accidente de tráfico, pero en ese momento recibió una llamada de Facundo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...