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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1099

—¡Prueben rápido, mi sazón es excelente! —exclamó Tatiana con entusiasmo, invitando a la familia a sentarse.

—Señor Crespo, pruebe estos caracoles de mar salteados, son mi especialidad.

Tatiana le sirvió una porción a Jairo con los cubiertos y esperaba que la elogiara, pero entonces Samuel alzó la voz.

—¡Yo también quiero probar!

Tatiana no tuvo más remedio que servirle a él también.

—¡Yo también quiero! —dijo Lucas, acercando su plato.

Tatiana apretó los labios y le sirvió una porción.

—¡Mamá, tienes que probarlo! —Samuel, encantado con el sabor, le insistió a Isabella.

Antes de que Isabella pudiera responder, Samuel le ordenó a Tatiana:

—¡Sírvele a mi mamá!

A Tatiana le tembló un poco el ojo. La mesa no era tan grande como para que no alcanzaran la comida, ¿por qué tenía que servirles ella?

Isabella contuvo la risa.

—Me sirvo sola.

Lucas se apresuró a decirle a Tatiana:

—Señorita Gutiérrez, mire, mi papá y mi mamá tienen brazos largos, alcanzan cualquier platillo. Pero mi hermanito y yo tenemos brazos cortos, así que solo tiene que servirnos a nosotros.

Tatiana apretó los dientes en silencio. Ese no era el punto, ella no era la empleada doméstica de la familia.

Al ver que Jairo había probado los caracoles, le preguntó de inmediato qué le parecían.

Jairo asintió.

—Están bien. Solo un poco inferiores a los del Chef Benítez del Hotel Crespo.

Era una evaluación muy seria, pero a Tatiana no le sentó nada bien. ¿Por qué tenía que compararla con el Chef Benítez? ¿No podía simplemente decir que estaba delicioso?

Sin embargo, como él reconoció su habilidad culinaria, Tatiana sintió que aún tenía esperanzas, así que peló un camarón y lo puso en el plato de Jairo.

—Estos camarones a la mostaza también son mi especialidad...

—Papá no se irá con ella.

—Tal vez no tenga la mente clara.

Con sus comentarios infantiles, los dos niños expusieron las intenciones de Tatiana frente a todos. La vergüenza la dejó sin palabras.

—Señorita Gutiérrez, coma usted también —dijo Isabella, sirviéndole un poco de comida para romper el hielo—. Escuché que es una persona muy directa, seguro no le gusta hacer cosas como destruir el hogar de otras personas, ¿verdad?

Eso fue la estocada final.

Tatiana miró a Jairo, quien estaba concentrado pelándole camarones a su hijo mayor y no le había dirigido la mirada en ningún momento.

De repente, se sintió como una payasa.

—La señorita Quintero piensa demasiado. Sobran hombres en este mundo, no necesito robarle el marido a nadie —respondió Tatiana frunciendo el ceño.

Isabella asintió con una sonrisa.

—Tiene mucha razón.

Llegados a este punto, Tatiana ya no tenía cara para seguir allí.

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