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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1101

Ignacio miró la mano extendida y, asustado, escondió las suyas detrás de la espalda.

—Yo solo vine a gorrear un plato de comida.

Miró a Tatiana y luego a Jairo con cara de inocente. ¿Cómo era posible que una simple cena gratis terminara con él en la mira de la hija de un jefe mafioso? No estaba preparado para eso.

Jairo decidió echarle una mano y tosió levemente.

—Recuerdo que me dijiste que ya tienes novia, ¿verdad?

Ignacio asintió frenéticamente.

—Sí, mi relación es perfecta. Ella me ama a muerte y yo a ella, de hecho, ya estamos planeando la boda.

—Qué lástima, eso significa que la señorita Gutiérrez y tú no están destinados a estar juntos.

—Una verdadera pena.

Ambos intercambiaron miradas, convencidos de que con las cosas tan claras, Tatiana retrocedería.

Isabella negó con la cabeza en silencio. Si a Tatiana le importaran esas cosas, no habría intentado destruir su familia apenas un rato antes.

—Si al señor Rodríguez le parece una pena, entonces simplemente rompa con su novia —dijo Tatiana sin el menor reparo.

Ignacio se quedó mudo. Tenía la sensación de que un depredador lo había acorralado y ya no había escapatoria.

Estaba a punto de decir algo cuando sonó su teléfono. Era Thiago Flores.

Apenas contestó, escuchó el grito desesperado de su amigo.

—¡Jairo y tú vengan al hospital de inmediato, Facu se quiere tirar del techo!

Ignacio se quedó paralizado.

¿Quién? ¿Quién se quería tirar?

Isabella frunció el ceño. Sus temores eran ciertos; Facundo la estaba chantajeando con su vida.

—Está transmitiendo en vivo —dijo Floriana—. Dijo que si no voy, me encargaré de no poder volver a dar la cara en público.

Si ella no iba, el linchamiento mediático arruinaría su carrera para siempre.

—Yo también voy para allá —dijo Isabella—. No te acerques mucho a él, tengo miedo de que intente...

—Entiendo lo que quieres decir.

Facundo estaba en la azotea del edificio de hospitalización, a treinta pisos de altura. Si saltaba, no habría forma de sobrevivir. Sin embargo, estaba allí de pie, con una sonrisa desquiciada en el rostro.

El Grupo Prado estaba al borde de la quiebra, pero abandonar a sus padres ancianos y escapar de sus problemas saltando de un edificio no era propio de un hombre. ¿En verdad Facundo se iba a rendir tan fácil?

Había policías en el lugar. Cuando Isabella llegó, escuchó a Ignacio hablando con los oficiales.

Resultaba que alguien había denunciado a Facundo por instigar un intento de asesinato, además de fraude y extorsión. La policía ya tenía pruebas sólidas. Esa era la verdadera razón por la que Facundo había tomado esa decisión.

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