Tatiana se acercó y ayudó a Ignacio a levantarse.
—¿Te duelen más las heridas o te duele más el corazón?
Al escuchar eso, Ignacio bajó la mirada y esbozó una sonrisa amarga.
—Me duele todo.
—Volvamos a tu habitación, llamaré al doctor.
Ya en la habitación, el doctor lo examinó. Por suerte no se le habían soltado los puntos, de lo contrario tendrían que haberlo llevado de nuevo al quirófano. Después de la revisión, Ignacio se quedó acostado en la cama. Sentía que demasiadas emociones se acumulaban dentro de él, terminando todas en una total incomprensión.
—¿Cuánto tiene que amar una persona a otra para perdonarle tanto daño?
Parecía que se lo preguntaba a Tatiana, pero en realidad era una pregunta para sí mismo.
—Yo no lo entiendo —respondió ella.
Quizás ella nunca había amado tanto a alguien como para poder entender a Natalia.
Ignacio se quedó en silencio por un momento y luego dijo:
—Yo tampoco lo entiendo.
Un rato después, llegó Natalia.
Mantenía la cabeza baja, como si no tuviera cara para mirar a Ignacio. Se acercó a la cama, pero tardó mucho en poder decir algo.
—Como tu amigo, a partir de ahora mantendré mis límites y no volveré a meterme en los asuntos de ustedes dos —dijo Ignacio. Su tono aún denotaba enojo, pero al verla, por miedo a lastimarla más, agregó—: Claro que, si alguna vez me necesitas, te ayudaré.
—Lo siento —dijo Natalia con la voz quebrada.
—No tienes por qué pedirme perdón.
—Sé que sentiste que era injusto para mí y por eso saliste a defenderme.
Lo sabía todo, y sin embargo...
Ignacio no pudo contener su frustración.
—¿No te das cuenta de que si sigues con ese animal de Alexis, tarde o temprano te va a matar a golpes?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...