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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1332

A Renata no le importaba si era desagradable o no, el punto era que ella sí se había pasado de copas.

—Señor Carrillo, ¿algún día irás al espacio?

Fabrizio soltó una carcajada.

—No todos los que estudian el cosmos sueñan con viajar al espacio.

—¿No te llama la atención?

—No, me aterra.

—¿Por qué?

—Nunca he sido alguien a quien le gusten las aventuras.

Renata lo miró fijamente.

—Yo creí que sí.

—A mí me encanta la tranquilidad de la rutina. Me gusta mantener mi círculo social en un rango diminuto, relacionarme con la menor cantidad de gente posible y evitar usar la cabeza a menos que sea estrictamente necesario.

—¿Qué? Pero, ¿tu trabajo no requiere que uses el cerebro todo el tiempo?

—Por eso trabajo un año y descanso al siguiente.

—¿Y ahora estás en tu año de descanso?

—Así es.

—¿Y a dónde te vas cuando tienes que trabajar?

—Al extranjero.

A pesar de estar borracha, Renata se dio cuenta de que probablemente estaba cruzando la línea y empezando a fastidiar a Fabrizio. Le había hecho demasiadas preguntas personales de golpe.

Antes de quedarse callada por completo, Renata soltó una última frase:

—No te preocupes. Cuando tomo me borro del mapa, así que mañana no recordaré nada de lo que me hayas dicho esta noche.

Fabrizio entrecerró los ojos.

—¡Beber hasta perder la memoria no es precisamente una buena cualidad!

—Para mí sí lo es.

Renata se dejó caer en el sofá. Para su sorpresa, desde esa posición también podía ver las estrellas a través de los ventanales.

Después de desayunar, se subieron al vehículo y bajaron de la montaña.

En el instante en que sus ruedas tocaron la autopista, el mundo volvió a llenarse de un ruido ensordecedor y la ansiedad volvió a instalarse en sus pechos.

La montaña era, sin duda, un refugio mil veces mejor.

En el trayecto, Renata recibió un mensaje de Manuela pidiéndole que revisara de inmediato las tendencias en redes sociales.

Renata adivinó al instante que Nadia y su equipo habían dado el siguiente golpe. Entró a internet y, tal como sospechaba, habían filtrado el documento de conciliación que ella había firmado tras el accidente de su madre.

El texto del acuerdo responsabilizaba exclusivamente a la madre de Renata, afirmando que había cruzado una vía rápida sin respetar las normas de tránsito, dándole poco tiempo a Nadia para esquivarla y provocando así la colisión.

El documento estipulaba una compensación de un millón, y que los familiares habían aceptado resolver todo en privado, comprometiéndose a no responsabilizar a la conductora tras recibir la indemnización.

Como era de esperarse, la aparición del documento desató una tormenta de debates y especulaciones en línea.

Algunos argumentaban que atropellar a alguien estaba mal sin importar el contexto. Otros defendían a Nadia, diciendo que había sido víctima de una injusticia, y no faltaban los que recordaban los rumores sobre que ella había estado conduciendo bajo los efectos del alcohol. Sin embargo, la gran mayoría dirigió su furia contra Renata: si ya había aceptado el dinero del acuerdo, ¿por qué seguía hostigando a la actriz? Seguramente lo hacía para sacarles más dinero.

La guerra había comenzado oficialmente y, una vez más, ellos habían disparado primero.

Renata tomó una respiración profunda. Ahora era su turno de mostrar sus armas.

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