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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1187

Él causaba problemas, ellos sacaban la chequera. Mientras él no dejaba de meterse en líos, ellos no dejaban de soltar dinero.

Si él estuviera en sus zapatos, probablemente también estaría decepcionado de un hijo así.

Sin embargo, desde la perspectiva de ese hijo, él también tenía mucho que reprocharles. Pero ya no importaba. Lo habían desechado. Y él... ya no sentía ni odio ni rencor; ni siquiera le quedaban ganas de echarles nada en cara.

—No quiero tu dinero, llévatelo.

Al escuchar que rechazaba el dinero, Belén se puso aún más tensa.

—Tu padre ya está viejo, no está para soportar tus escándalos. Si tienes problemas, búscate a Jairo, pero a él déjalo en paz.

—¿Mis escándalos? —Víctor soltó una carcajada gélida—. ¡Aquí el único que ha sido usado y humillado soy yo!

—Tú...

—Basta. No tengo nada que hablar contigo. Ve a cuidar a tu adorada hija.

Belén tenía la intención de intentar razonar con él, pero al ver la furia contenida en su rostro, se tragó sus palabras y salió.

No tuvo que esperar mucho más. Santino llegó.

Entró al despacho con expresión severa. Al ver a Víctor sentado en el sofá, notó que, por primera vez, no tenía esa postura holgazana de siempre, aunque su semblante era oscuro.

—Dime de una vez, ¿en qué lío te metiste ahora?

Víctor entrecerró los ojos.

—Maté a alguien.

Los ojos de Santino se abrieron de par en par, llenos de terror.

—¿Es... es en serio lo que me estás diciendo?

—Totalmente en serio —respondió Víctor sin inmutarse.

—¡Si mataste a alguien, ve a entregarte a la policía! ¡¿Qué haces aquí?! ¿Acaso esperas que te ayudemos a escapar o a pagarte un abogado? ¡Pues te aviso que ni lo sueñes! ¡Eres una escoria! Ojalá te encierren, o mejor aún, que te den la pena máxima. Y si no, que te dejen refundido ahí de por vida para que dejes de arruinarle la vida a los demás.

Víctor soltó una carcajada sarcástica. Santino se lo había tragado entero. Realmente creía que era capaz de asesinar a alguien.

Qué ironía. Un hijo que no conoce a sus padres, y unos padres que no conocen a su hijo.

Eran el chiste perfecto de una familia.

—Era una broma, y te la creíste completita.

Al darse cuenta de que había sido engañado, la furia de Santino se desbordó.

Se la pasaba pregonando lo mucho que amaba a su esposa, pero a puerta cerrada, quién sabe cuántas veces le había sido infiel. Incluso había embarazado a una mujer. Y cuando lo supo, le dio la espalda. Ni siquiera fue capaz de mandarles un par de billetes cuando se estaban muriendo de hambre.

Cuando Lourdes llegó con Enzo a buscarlo, Santino, con tal de proteger su intachable imagen, le colgó el milagrito a su propio hijo, aprovechándose de que había perdido la memoria.

¡Enzo no era hijo de Víctor, era hijo de Santino!

—Recuperé la memoria —dijo Víctor en un tono mortalmente serio.

Al escuchar eso, el color abandonó el rostro de Santino, pasando por tres tonos distintos de palidez.

—Si ya recuperaste la memoria, entonces debes recordar todas las bajezas que nos hiciste a tu madre y a mí. Si te queda un gramo de decencia, levántate y lárgate, no vengas a destruir nuestra paz.

—¿O sea que quieres que me trague el paquete de Lourdes? ¿Que yo quede como el poco hombre que la abandonó?

Santino apretó los labios.

—A ti esto no te afecta en nada.

—Me haces criar a tu bastardo, me haces quedar como un papá de a gratis, ¡¿y tienes el descaro de decir que no me afecta?!

—¡Tú...!

—¡Todavía tuviste los huevos de falsificar una prueba de ADN! ¡Evaluaste tu parentesco con Enzo, pero le pusiste mi nombre! ¡Hay que ser muy sinvergüenza!

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