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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1192

Víctor enfureció al escucharla.

—Dime quién fue. ¡Voy a darle su merecido!

—No es necesario, de todos modos no salí perdiendo.

—¡Mírate cómo estás y todavía dices que no saliste perdiendo! ¡Habla, quién fue!

Martina se quedó en silencio un momento.

—La prometida de Romeo Quintero.

—¿Qué?

Martina sonrió con amargura.

—No sé cómo se enteró de lo que hubo entre Romeo y yo, pero fue a buscarme para exigirme explicaciones. Me habló en un tono terrible, nos hicimos de palabras, ella me soltó el primer golpe y yo no me dejé. Y bueno, así terminamos.

—¡Si tiene que ver con Romeo, entonces iré a buscarlo directamente a él! —exclamó Víctor, a punto de salir por la puerta.

Martina se apresuró a detenerlo.

—Te lo ruego, no vayas. Él y yo cortamos todos los lazos. Si lo buscas, las cosas se volverán a enredar y será peor.

—Vinieron a humillarte a tu propia casa, ¡no podemos dejar las cosas así!

Martina se aferró a él con todas sus fuerzas, mirándolo con ojos suplicantes.

Víctor tenía un carácter impulsivo, y no fue hasta que Floriana intervino y tiró de su manga que logró calmarse.

—Tú sabes bien que la situación entre Martina y Romeo es muy complicada. Si ellos decidieron cortar por lo sano, es mejor que no nos metamos. Al final, la única que saldrá lastimada será ella.

Además, si Romeo había decidido casarse con otra persona, eso significaba que realmente había dejado el pasado atrás.

Víctor se dejó convencer y volvió a sentarse frente a Martina.

—Entonces quédate a vivir aquí por un tiempo.

Martina lo miró y, de pronto, sintió un nudo en la garganta. Se abalanzó sobre él y lo abrazó con fuerza.

—¿Ya recuperaste la memoria? ¿Ya te acordaste de mí?

Víctor, asustado, la empujó apresuradamente.

—Sí, ya recuperé la memoria, pero, por favor, no me abraces. Esto supera los límites de la decencia, no quiero meterme en problemas.

—Ella no debió haber ido a buscarte.

Martina estaba a punto de decirle que el asunto ya era agua pasada y que no le guardaba rencor, cuando Romeo añadió otra frase.

—Pero quiero pedirte que vayas a disculparte con ella.

—No... repítelo, creo que escuché mal.

Romeo frunció el ceño, dejando ver su impaciencia.

—Te pido que vayas a disculparte con ella.

—Tú mismo acabas de decir que ella fue a buscarme. Yo no la provoqué. Ella me insultó, ella me pegó primero, ¿por qué demonios tendría que pedirle perdón?

—Ella me exige una prueba de mi actitud, si no, cancelará el compromiso. Esto ya pasó una vez, si vuelve a suceder, el apellido de la familia Quintero quedará en ridículo. Te lo pido como un favor.

—¿Una prueba de tu actitud? ¿Qué actitud?

Romeo guardó silencio un instante.

—Quiere que le demuestre que te he superado por completo.

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