¿Acaso se podía lanzar una acusación así a la ligera?
Martina miró a Sabrina, tan impactada que tardó en encontrar las palabras.
—Si digo eso, todos me creerán. Al fin y al cabo, ustedes dos ya armaron un escándalo enorme en el pasado. El primero en caer será Romeo; su reputación quedará hecha polvo, ninguna familia querrá emparentar con él y sus negocios se irán a pique. Y luego seguirás tú. ¿De verdad crees que la familia Quintero te dejará en paz?
El rostro de Sabrina reflejaba pura arrogancia. Estaba segura de que Martina no tendría más remedio que aceptar.
Esta vez, Martina no pudo contenerse y soltó:
—¡Estás loca!
Se levantó dispuesta a irse, ignorando por completo la amenaza.
Si Romeo perdía su reputación, era problema de él. Y si los Quintero venían a buscarle problemas, la verdad es que ya no le importaba.
Al ver que se marchaba con tanta seguridad, Sabrina estalló de furia.
—¿Acaso no sabes que cuando Romeo montó ese espectáculo para vengarte, hizo que los Quintero perdieran toda su dignidad? Su padre decidió que no era apto para heredar y por eso reconoció a un hijo ilegítimo. ¡Si vuelve a pasar por un escándalo así, perderá su lugar para siempre y lo echarán a la calle!
Al escuchar aquello, Martina se detuvo y se giró incrédula.
—¿Hablas en serio?
Sabrina se cruzó de brazos.
—No es ningún secreto. Si tienes contactos, basta con que preguntes por ahí.
Martina apretó los puños.
—¡Más te vale que no me estés mintiendo!
Sabrina le dio tres días para pensarlo. En cuanto Martina salió, llamó inmediatamente a Isabella Quintero.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...