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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1194

Sabrina era una señorita de alta sociedad. Su familia dirigía un imperio de equipos médicos, lo que la ponía al mismo nivel que los Quintero. Para la familia de Romeo, ese matrimonio debía ser perfecto y no permitirían el menor error.

Era muy probable que Romeo hubiera sido presionado por su propia familia para buscarla.

Martina prefirió no darle más vueltas al asunto. Llegó a las afueras de la mansión de Sabrina, la llamó por teléfono, y poco después un empleado la hizo pasar.

La mansión era enorme, y Sabrina vivía sola.

—La señorita se está bañando, por favor espere un momento.

El empleado la dejó en la sala y se retiró.

Martina rodó los ojos. Cuando hablaron por teléfono un momento antes, no sonaba en absoluto como alguien que estuviera bajo la ducha. ¿Se había metido a bañar en apenas cinco minutos?

Estaba claro que quería dejarla esperando a propósito.

Decidiendo no amargarse, Martina se dejó caer en el sofá y sacó su teléfono. Al fin y al cabo, estaba desempleada y le sobraba el tiempo. Veríamos quién tenía más paciencia.

No pasó mucho tiempo antes de que Sabrina bajara las escaleras.

Su rostro aún mostraba algunos moretones, a diferencia del de Martina. A la hora de pelear, la fuerza física lo era todo, y una princesa delicada como Sabrina jamás podría ganarle a alguien curtida a golpes como Martina.

—¿Esa es tu actitud para pedir perdón?

Martina dejó escapar un suspiro, se puso de pie y, con un tono sumamente sincero, dijo:

—Lo siento mucho. Te ofrezco mis disculpas por haberte levantado la mano el otro día.

Sabrina resopló y se sentó en el sofá frente a ella.

—Obviamente no lo dices de corazón.

—Tú no querías mis disculpas sinceras de todos modos, ¿verdad?

—Exacto. Lo que quería era una respuesta de Romeo.

—Él fue a buscarme. Me exigió que viniera a pedirte perdón, y me dijo que si no aceptaba, me destruiría. ¿Esa es la actitud que querías? ¿Estás satisfecha?

Sabrina entrecerró los ojos.

—¿Te crees muy lista?

—Creo que ya me disculpé, así que ya no tengo nada más que hacer aquí.

—Quiero que te quedes como mi asistente personal.

—¿Qué quieres decir?

—Para ayudarme con los preparativos de la boda.

Martina estuvo a punto de llamarla desquiciada, pero recordó el mal temperamento de la chica. Si se dejaba llevar, acabarían peleando de nuevo, y eso arruinaría el propósito de su visita.

—Lo siento, pero me niego. Y puedes estar tranquila, estoy a punto de irme del país. Te aseguro que no volveré a ver a Romeo.

—Lo que yo quiero es arrancarte de su corazón.

Martina se quedó sin palabras. ¿Qué culpa tenía ella? ¿Por qué se empeñaba en meterla en este lío?

—Si no aceptas, cancelaré la boda de inmediato.

—Es tu decisión.

—Y la razón que daré será que te metiste entre nosotros.

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