A Martina se le revolvía el estómago con solo pensar en la comida, pero se obligó a probar un par de bocados.
Por la tarde, sonó el timbre.
Al abrir, se encontró con el chofer de Sabrina. Zacarías llevaba el mismo pantalón negro de vestir y la misma camisa blanca. Parecía que iba a una entrevista de trabajo, no a una cita.
Martina lo invitó a pasar.
—Siéntate donde gustes. Voy a buscar unas cosas.
En realidad, fue a maquillarse. Tenía tan mal semblante que necesitaba bastante corrector y rubor para disimularlo. Se arregló, se cambió de ropa y, al salir con su bolso, vio a Zacarías sentado en el sofá, rígido como una estatua. Parecía que no había movido ni un músculo.
A Martina le dio gracia.
—Me imagino que Sabrina ya te explicó todo, ¿verdad?
Zacarías asintió apresuradamente.
—Fingir ser su novio. Sí, eso fue lo que me dijo la señorita Sabrina.
—¿Y estás de acuerdo?
Zacarías se rascó la nuca.
—Ella... me va a pagar el doble de mi sueldo.
Martina sonrió.
—Me alegra que hayas aceptado. Será solo un poco de actuación, no te haré pasar un mal rato.
—Yo... solo estoy un poco nervioso.
Martina miró la hora.
—Todavía es muy temprano para ir al restaurante. Ven, vamos a comprarte algo de ropa.
Y comenzó a caminar hacia la puerta.
—P-pero... mi ropa está bien, no quiero que la señorita gaste su dinero.
—No te preocupes.
Martina tomó de la mesa la tarjeta bancaria que Romeo le había dejado.
—De todos modos, me queda poco tiempo. Ni en mil vidas podría gastar todo lo que hay aquí.
En el centro comercial, Martina le preguntó la edad a Zacarías. Resultó que solo era un año mayor que ella, pero se vestía como si estuviera a punto de cumplir los cincuenta.
—No soy de arreglarme mucho. Mientras la ropa me cubra, me sirve —se justificó él.



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...