—Qué bueno —respondió ella.
Si se hubiera casado con Romeo justo después de graduarse, su hijo ya tendría unos seis o siete años.
Llegaron al restaurante que Sabrina había reservado. Como ella y Romeo aún no estaban ahí, Martina decidió pedir algo de comer.
—Vamos a picar algo para calmar el hambre. Dudo mucho que podamos disfrutar de la cena cuando lleguen.
En el peor de los casos, la cena sería incómoda. Romeo no llegaría al extremo de armar un escándalo y golpear a alguien.
O eso creía ella.
Apenas estaban empezando a comer cuando Sabrina y Romeo hicieron su aparición.
Los ojos de Romeo se clavaron inmediatamente en ellos, y su rostro se ensombreció de golpe.
—¿Pasa algo? —preguntó Sabrina, fingiendo inocencia.
Romeo soltó un suspiro pesado.
—Vamos a otro lugar.
—Pero ya reservé la mesa aquí —insistió ella.
Él se quedó en silencio un segundo y terminó cediendo sin decir más.
Su mesa estaba muy cerca de la de Martina y Zacarías. Era imposible que ella fingiera no verlos; habría sido demasiado actuado. Así que saludó a Sabrina con una sonrisa casual y le hizo un breve gesto a Romeo.
Sabrina, siguiendo el guion, preguntó en voz alta:
—Martina, ¿él es tu novio?
Martina apretó los labios por una fracción de segundo.
—Así es, es mi nuevo novio.
—Hacen una pareja divina.
—Gracias.
Con un par de frases, Sabrina había logrado lo que quería.
Cuando Martina apartó la vista, miró de reojo a Romeo. Tenía la cabeza baja, pero sus nudillos estaban blancos de tanto apretar los puños. Probablemente se moría de ganas de ir y exigirle que le dijera si era verdad o mentira, pero se estaba conteniendo.
A partir de ahí, Martina se dedicó a hablar animadamente con Zacarías, le sirvió jugo y hasta le cortó la carne.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...