—Señorita Palacios, ¿sigue firme en su decisión de no quedarse en el hospital para recibir tratamiento?
Martina estaba en el hospital. La noche anterior, el dolor abdominal había sido insoportable; a pesar de tomar muchos analgésicos, el dolor persistía hasta que terminó desmayándose por la agonía. Afortunadamente, Zacarías estaba en la casa y la llevó a emergencias.
Ya sintiéndose un poco mejor, Martina negó con la cabeza ante el doctor.
—Por favor, solo cámbieme la receta. Las medicinas que me dio antes ya no me calman el dolor.
El doctor suspiró.
—Si quiere que sus últimos días sean menos difíciles, lo mejor sería internarse.
—¿Internarme para esperar la muerte?
El doctor se quedó en silencio por un momento.
—Está bien, le cambiaré la receta.
Apenas el doctor salió, Sabrina la llamó por teléfono.
—Romeo vino a buscarme al mediodía para pedirme perdón. También me dijo que a quien ama es a ti, pero que a partir de hoy se obligará a dejar atrás ese amor. Dijo que tal vez le tome mucho tiempo y me preguntó si estaba dispuesta a esperarlo. Le dije que sí, así que podemos seguir con los preparativos de la boda.
Martina no entendía por qué Sabrina la llamaba para contarle eso. Al escucharla, solo sentía dolor, le dolía todo el cuerpo, sin poder decir exactamente dónde.
—¿Y entonces?
—Hoy vamos a hacernos la sesión de fotos de la boda. ¿Puedes venir?
—Sabrina... si voy, ¿de qué te sirve?
—Si al verte él te sigue eligiendo a ti...
—¿Qué pasa?
—Te lo cederé.
—¿Te arrepentiste?
—Es que... de repente siento que soy una persona detestable. Sabiendo muy bien que Romeo no me ama, armé todo este alboroto.
Martina se tomó una foto con la cámara frontal y se la envió a Sabrina.
—Mírate cómo estoy, no puedo ir en este estado. En cuanto a lo que decidas hacer, no tengo derecho a meterme. Que quede así.
Colgó la llamada y dejó escapar un largo suspiro.
Ya había hecho todo lo que estaba en sus manos, realmente quería que todo terminara ahí.
Lo que Martina no esperaba era que Zacarías Solís siguiera en el hospital y le hubiera comprado el almuerzo.



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...