—¿Por qué nos detenemos? —preguntó Martina.
—El camino más adelante es muy empinado, manejar de noche es peligroso —explicó Zacarías—. Descansaremos en el auto y seguiremos cuando amanezca.
Dicho esto, abrió la puerta para bajar.
—Señorita Palacios, descanse en el auto, yo buscaré un lugar afuera para cerrar los ojos un rato.
Al ver que Zacarías se detenía tan de repente, Martina se había puesto nerviosa. Empezó a arrepentirse de haber sido tan impulsiva al seguirlo a un lugar tan remoto. ¿Qué tal si... qué tal si resultaba ser un criminal?
Sin embargo, al verlo bajarse del auto, buscar una piedra grande y apoyarse en ella para descansar, su guardia finalmente bajó un poco.
A fin de cuentas, ella era alguien que estaba a punto de morir. ¿Qué podría querer alguien de ella?
Descansaron por un par de horas hasta que el cielo empezó a clarear.
Zacarías volvió al auto y continuó el viaje.
El camino que seguía efectivamente era muy escarpado, e incluso había tramos sin ningún tipo de barrera de protección; era demasiado peligroso. Sin embargo, Zacarías parecía conocer la ruta a la perfección, por lo que el viaje fue bastante estable.
Subieron y bajaron montañas hasta que por fin llegaron a aquel pueblo escondido en lo profundo de la sierra.
En el momento en que se bajó del auto, Martina dejó escapar un largo suspiro.
Tantas horas de viaje la tenían mareada y con la vista nublada, pero al levantar la mirada y ver el paisaje a lo lejos, sus ojos se iluminaron.
Aquel lugar era precioso.
Estaba rodeado de montañas y envuelto en neblina. Todo lo que se veía era un manto verde, y el aire fresco era embriagador.
—Los paisajes de por aquí son muy bonitos, el único problema es que el lugar es muy pobre.
Zacarías iba abriendo camino. Aún faltaba un buen tramo para llegar a su casa, pero el auto no podía pasar, así que tenían que caminar.
Por suerte, la distancia no era muy larga, o con su estado de salud, Martina jamás habría logrado llegar.
Había muy poca gente en el pueblo, y los pocos ancianos que se cruzaban con ellos tenían el cabello completamente blanco.
—Los jóvenes se fueron a buscar trabajo a la ciudad, los únicos que se quedan aquí son los abuelos —explicó Zacarías.
—¿Tú también te fuiste a trabajar desde muy joven?



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...