—Yo... ¿de dónde voy a conocerla? No somos cercanos, ¡no tenemos nada que ver! —tartamudeó Ignacio.
Thiago parpadeó, extrañado.
—¿Quién dijo que tenían algo que ver? Solo te pregunté si la conoces.
—Cof, cof... somos conocidos de vista.
Jairo soltó una carcajada disimulada.
—Tampoco te estaba preguntando qué tipo de relación íntima tienen. Simplemente mencioné que la señorita Gutiérrez fue tu guardaespaldas hace tiempo, así que eres el más indicado para hablar de su nivel profesional.
—Su nivel... es muy alto. Es muy capaz.
Thiago apretó los labios.
—Qué raro. Escuchar esas palabras salir de tu boca de repente suena distinto.
Ignacio se apresuró a darle un trago a su bebida.
—No entiendo de qué hablas.
Jairo asintió.
—Si realmente lo necesitan, puedo llamarla ahora mismo y pedirle que venga para que lo platiquen en persona.
—¿Crees que sea necesario molestarla a esta hora? —se apresuró a decir Ignacio, sudando frío.
Thiago lo miró como si estuviera loco.
—Se lo estoy pidiendo a Jai, no a ti. Además, ¿por qué pones esa cara de sufrimiento? ¿Acaso le tienes miedo?
—¿Yo? ¿Por qué iba a tenerle miedo a una mujer?
—Qué bueno que no. Jai, llámala a ver si tiene tiempo de venir un rato.
Sin darle a Ignacio margen para protestar, Jairo sacó su teléfono y llamó a Tatiana para invitarla a negociar.
—Bueno, yo... yo todavía tengo varias tesis que calificar. Quédense ustedes a charlar, yo me retiro —dijo Ignacio, poniéndose de pie y enfilando rápidamente hacia la puerta.
—Por cierto, cuando hablé con ella me preguntó si estabas aquí, y le dije que sí —comentó Jairo con voz pausada y tranquila.
Los ojos de Ignacio se abrieron de par en par.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...