Entrar Via

La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1241

—El aroma de estos fideos es muy particular —elogió Isabella.

—Es una receta que me enseñó mi mamá.

—Con razón tienen ese toque cálido de hogar —sonrió Isabella.

—¿Le preparo un plato?

Isabella negó amablemente con la mano.

—No te preocupes, no tengo mucha hambre ahora mismo. Muchas gracias.

Avanzó unos pasos, pero de pronto se detuvo y se giró.

—Por cierto, olvidé preguntarte tu nombre.

—Renata.

—Mucho gusto, Renata.

Renata se quedó un poco desconcertada.

—Es usted la primera persona en toda la noche que me dirige la palabra... y la primera que me pregunta cómo me llamo.

—Me gusta conocer gente nueva —sonrió Isabella.

—Yo... yo solo soy una asistente sin importancia.

—Pero presiento que en el futuro no serás solo una simple asistente.

—...

—Tengo muy buen ojo para las personas.

Isabella le dedicó una última sonrisa de ánimo y continuó su camino hacia el tocador.

Al regresar a la sala VIP, Tatiana ya había llegado.

Estaba en medio de una charla de negocios con Thiago y Nadia. Isabella miró disimuladamente hacia el lugar de la actriz; el tazón de fideos humeantes descansaba intacto sobre la mesa. Nadia no había probado ni un bocado, y Renata había vuelto a su puesto invisible, sentada tras ella en silencio total.

—La próxima semana nos iremos unos días a descansar a una isla. ¿Te animas a venir? —le preguntó Isabella a Ignacio al sentarse.

Pero Ignacio no le prestó la más mínima atención. Tenía los ojos clavados en Tatiana, mirándola con tal intensidad y concentración que no escuchó la pregunta.

Isabella frunció el ceño, confundida. ¿Qué pasaba entre Ignacio y Tatiana?

—Ya les pregunté —intervino Jairo—. Thiago va a llevar a Nadia. Y si Nadia va, Tatiana definitivamente la acompañará por trabajo. El único que seguramente tendrá "asuntos muy importantes" que atender es nuestro querido Ignacio.

Isabella, haciendo un esfuerzo enorme por no soltar una carcajada, le sirvió otra copa a Ignacio.

—¿Quieres tomarte otro trago para ver si logras calmarte?

Ignacio también se dio cuenta de lo patético que había sonado. Rápidamente desvió la mirada y le dio un buen trago a la bebida para pasar el susto.

—Cof, cof... hoy no es mi mejor día. Pero no tiene nada que ver con nadie, fueron mis alumnos, que me sacaron de mis casillas.

—Nosotros no te estamos pidiendo explicaciones —Isabella levantó una ceja.

—¿Y quién está dando explicaciones? Solo estaba dejando en claro un hecho.

—Tómate otro trago.

Ignacio soltó un bufido de rendición y se sirvió otra copa.

—Saben qué, mejor me voy.

La situación se le había salido de las manos. Y lo peor de todo no era su pésima actuación, sino que su cuerpo y sus ojos se rehusaban a obedecerle; instintivamente querían seguir mirando hacia Tatiana. Su mente no dejaba de repetir las imágenes candentes de aquella noche, y la tensión ya lo tenía bastante inquieto.

—Dejaré algo claro desde el principio —la voz firme de Tatiana lo interrumpió—. Si quieren que yo sea la encargada de la seguridad de Nadia, ella tendrá que acatar mis instrucciones al pie de la letra. Si ignora mis advertencias y le ocurre algo, yo me lavo las manos. Ah, por cierto, el joven Rodríguez aquí presente es el ejemplo perfecto de lo que no deben hacer. Cuando fui su guardaespaldas, se la pasaba desobedeciendo y complicando mi trabajo, y por su necedad casi acaba mal.

Tatiana no solo lo mencionó como mal ejemplo, sino que encima lo señaló con el dedo frente a todos. Ignacio, que ya estaba a medio camino de levantarse para huir, se quedó congelado. Si salía corriendo en ese momento, quedaría como un completo cobarde. Pero si se quedaba, el tormento sería insoportable.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido