—El aroma de estos fideos es muy particular —elogió Isabella.
—Es una receta que me enseñó mi mamá.
—Con razón tienen ese toque cálido de hogar —sonrió Isabella.
—¿Le preparo un plato?
Isabella negó amablemente con la mano.
—No te preocupes, no tengo mucha hambre ahora mismo. Muchas gracias.
Avanzó unos pasos, pero de pronto se detuvo y se giró.
—Por cierto, olvidé preguntarte tu nombre.
—Renata.
—Mucho gusto, Renata.
Renata se quedó un poco desconcertada.
—Es usted la primera persona en toda la noche que me dirige la palabra... y la primera que me pregunta cómo me llamo.
—Me gusta conocer gente nueva —sonrió Isabella.
—Yo... yo solo soy una asistente sin importancia.
—Pero presiento que en el futuro no serás solo una simple asistente.
—...
—Tengo muy buen ojo para las personas.
Isabella le dedicó una última sonrisa de ánimo y continuó su camino hacia el tocador.
Al regresar a la sala VIP, Tatiana ya había llegado.
Estaba en medio de una charla de negocios con Thiago y Nadia. Isabella miró disimuladamente hacia el lugar de la actriz; el tazón de fideos humeantes descansaba intacto sobre la mesa. Nadia no había probado ni un bocado, y Renata había vuelto a su puesto invisible, sentada tras ella en silencio total.
—La próxima semana nos iremos unos días a descansar a una isla. ¿Te animas a venir? —le preguntó Isabella a Ignacio al sentarse.
Pero Ignacio no le prestó la más mínima atención. Tenía los ojos clavados en Tatiana, mirándola con tal intensidad y concentración que no escuchó la pregunta.
Isabella frunció el ceño, confundida. ¿Qué pasaba entre Ignacio y Tatiana?
—Ya les pregunté —intervino Jairo—. Thiago va a llevar a Nadia. Y si Nadia va, Tatiana definitivamente la acompañará por trabajo. El único que seguramente tendrá "asuntos muy importantes" que atender es nuestro querido Ignacio.
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...