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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1243

No quiero hacerme responsable de ti.

No saldré contigo.

Las palabras resonaron en la cabeza de Ignacio hasta hacerlo hervir de coraje. ¡Esa mujer se estaba comportando como la peor de las patanas! Se aprovechaba de él, no quería asumir ninguna responsabilidad, y encima dejaba que él se atormentara pensando que le debía algo.

¡Era el colmo del descaro!

—¿No te vas a poner a llorar, verdad? —preguntó Tatiana, arqueando una ceja.

—¿Llorar yo? —Ignacio soltó una carcajada sarcástica—. ¡Estoy feliz de la vida! Para que te quede claro, no necesito que asumas ninguna responsabilidad, y muchísimo menos quiero salir contigo, yo...

—Perfecto, entonces estamos de acuerdo.

Sin darle tiempo a terminar la frase, Tatiana le dio la espalda y empezó a alejarse con paso firme.

Ignacio sentía una molestia insoportable en el pecho, y para no ahogarse en su propio orgullo herido, decidió que no iba a quedarse con la palabra en la boca. Aceleró el paso para alcanzarla.

—Tal vez no lo sepas, pero he salido con muchísimas mujeres. Todas hermosas, con figuras envidiables, y lo más importante: cariñosas y comprensivas.

Tatiana rodó los ojos.

—No necesito que me presumas tu historial amoroso.

—Solo quiero que entiendas que si no hubiera estado tan borracho esa noche, jamás te habría... tocado.

—Aja, entendido.

—A lo que voy es que no tienes ningún tipo de encanto.

—Como digas.

—Seguro estás muy ofendida por dentro, pero esa es la pura verdad.

—Respeto tu versión de la "verdad".

—Apuesto a que piensas que es problema mío, pero la realidad es que...

Tatiana se detuvo en seco y giró para encararlo. Nunca se había caracterizado por tener buen carácter —en su línea de trabajo, la paciencia no era un requisito—, y ya estaba siendo más que considerada con él, pero el tipo no dejaba de provocarla.

—Mira, yo pensaba que lo de esa noche no fue para tanto. Tú lo disfrutaste, yo también, asunto cerrado. Pero si vas a ponerte con esas inmadureces, no tengo ningún problema en... ¡bloquearte de todos lados!

—Yo pienso exactamente lo mismo. Esa asistente llegará lejos algún día.

En otra parte del estacionamiento, Thiago seguía tras los pasos de Nadia.

—¿Por qué diablos tienen que organizar las sesiones de fotos a estas horas de la madrugada? La próxima vez diles que no irás, que ajusten sus horarios —le dijo Thiago a Nadia, pero lanzándole una mirada reprobatoria a Renata.

Renata no intentó defenderse; solo asintió con la cabeza en silencio.

—Es como hablar con una pared. Le dices las cosas y solo asiente, pero a la hora de la verdad, todo lo hace mal.

Nadia se encogió de hombros, restándole importancia.

—La verdad, prefiero que sea así. Si fuera demasiado astuta o entrometida, me caería mal.

—Pero tampoco tiene que ser una estatua de piedra.

—Me sirve por ahora. Cuando me canse, simplemente contrato a otra.

Ninguno de los dos se detuvo a pensar en cómo se sentía Renata al escuchar eso. La trataban como si estuviera hecha de aire. Tal vez era porque ella era tan sigilosa, que incluso su respiración parecía estar programada para no hacer ruido.

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