—¡Los de afuera me humillan, y ahora ustedes también quieren pisotearme!
Nadia, que había estado aguantando la tensión toda la noche, ya no pudo más y rompió a llorar desconsoladamente.
Al verla en ese estado, el conductor no tuvo más remedio que llamar desesperado a Leticia.
La mánager le pidió que le pasara el teléfono a Nadia para intentar calmarla, pero Nadia agarró el celular y lo arrojó sin miramientos por la ventanilla del auto.
—¡No quiero hablar con nadie en este momento! ¡Solo quiero irme a mi casa!
Afuera, los paparazzis grababan con más frenesí que nunca. Renata revisó su teléfono: el internet estaba colapsado con las noticias de Nadia, y las transmisiones en vivo se multiplicaban por segundos.
Bajó la mirada; sabía perfectamente que esta vez Nadia estaba metida en un problema gigantesco.
Sin embargo, el estancamiento no duró mucho, pues Thiago llegó justo a tiempo.
Se metió al auto y, al verlo, Nadia se abalanzó sobre él.
—¡Yo no hice nada malo, no te atrevas a regañarme!
Por supuesto, Thiago no tenía el corazón para reprenderla, y mucho menos cuando la veía refugiándose en sus brazos con tanta devoción.
—Aún no sé los detalles de lo que pasó entre Manuela y tú, pero pase lo que pase, yo siempre estaré de tu lado.
—Se pasó de la raya conmigo.
—A veces a los actores veteranos se les suben los humos y son muy difíciles de tratar.
—¡Yo no le pedí que dejara la serie, fue ella quien me amenazó con eso!
—No te preocupes. Hay un contrato de por medio; no dejaremos que haga lo que le dé la gana.
—Tiene que disculparse conmigo por esto.
—Haré que la agencia se encargue de hablar con ella.
Al escuchar las palabras de Thiago, Nadia por fin empezó a calmarse.
—Sé que a veces mi carácter es difícil y debería controlarme más.
Le lanzó una mirada profunda y luego caminó hacia el vestíbulo del hotel.
Renata respiró hondo y lo siguió hacia el interior del edificio.
—Manuela siempre ha tenido una excelente relación con nuestra productora; dudo mucho que le haya hecho la vida imposible a Nadia de la nada. Algo tuvo que haber pasado antes de esto.
Renata lo pensó un segundo.
—Cuando tenían escenas juntas, Nadi llegó tarde en un par de ocasiones porque tenía sesiones fotográficas para marcas comerciales. Parecía que eso le molestaba bastante a la señora Manuela.
—¿Y tú no le explicaste el motivo?
—Lo intenté, pero ella dijo que estar en una grabación significa dedicación exclusiva; que ningún otro compromiso debería entorpecer el rodaje ni retrasar a todo el equipo.
—¿Algo más?
—A veces Nadi no estaba en su mejor momento. Olvidaba sus diálogos, sus expresiones no eran las adecuadas y el director tenía que cortar la escena a cada rato. La señora Manuela y el resto del elenco tenían que repetir todo una y otra vez con ella.
Thiago frunció el ceño. Nadia se había graduado de una academia prestigiosa, pero la verdad es que sus habilidades actorales dejaban mucho que desear. La empresa le había contratado profesores de actuación, pero como ella estaba convencida de que su talento era impecable, jamás se esforzó por aprender.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...