—Aun así, Nadia fue con toda la buena intención a llevarle un regalo por su cumpleaños. Manuela no tenía por qué portarse tan grosera con ella.
Renata bajó la cabeza, manteniéndose en silencio. Esa actitud sumisa e inexpresiva hizo que la irritación de Thiago aumentara.
—¡No te puse al lado de Nadia solo para que le sirvas agua! Se suponía que debías ayudarla a manejar sus relaciones públicas, ¡y mira el desastre que provocaste!
—Yo traté por todos los medios de calmar a Nadi...
—¡Idiota! ¡No me refiero a que debías calmar a Nadia! ¡Tu trabajo era encargarte de los demás para que nadie la hiciera enojar!
Renata frunció el ceño internamente. ¿Entonces, según él, si Nadia hacía algo para enfadar a los demás, los demás no tenían derecho a enojarse? ¿Con qué derecho? ¿Acaso se creía el emperador y a Nadia su emperatriz, esperando que el mundo entero se rindiera a sus pies?
—¿Qué significa esa cara? ¿Crees que me equivoco?
—Aunque la señora Manuela amenazó con irse, el hecho es que todavía sigue aquí en el hotel. Está claro que está dándole una oportunidad a Nadi para que reconozca su error. Si Nadi da el primer paso y se disculpa, el asunto no pasará a mayores.
—Nadia jamás se rebajará a pedirle perdón. Y no lo digo solo por Manuela; Nadia no le pide perdón a nadie.
—Pero la realidad es que Nadi fue quien dijo cosas fuera de lugar...
—Pero la culpa inicial la tiene esa mujer.
Renata asintió; no había nada más que discutir.
—¿Nadia te golpeó?
Renata apretó los labios. ¿Acaso no era evidente?
—No tienes por qué hacerte la víctima. Para eso te pago. En pocas palabras, que recibas uno que otro golpe es lo que le da valor a tu puesto; de lo contrario, esos diez mil que te pago al mes te estarían saliendo demasiado baratos.
—Señor Flores, ¿qué está intentando decirme? —Renata levantó la vista para encararlo—. ¿Me está diciendo que, por ser una simple empleada de bajo nivel, mi obligación es tragarme los golpes, callar, no sentirme humillada y mucho menos defenderme?
Thiago se quedó de una pieza. Por primera vez, vio un destello desafiante en los ojos de Renata.
¿Dónde había quedado la mujer recatada y aburrida?

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...