Renata bajó la mirada. Sabía muy bien cómo funcionaban las cosas en la agencia: siempre recurrían a tácticas intimidatorias para manipular a los actores de menor categoría, quienes no tenían más remedio que ceder. Pero esta vez se trataba de Manuela. Ya no era solo una cuestión de veteranía; era una figura de gran peso en la industria con una red de contactos invaluable. Era imposible que la doblegaran tan fácilmente.
Después de haber pasado la noche en vela, Leticia no tuvo ninguna consideración y obligó a Renata a acompañarla de regreso a las oficinas.
El departamento de relaciones públicas estaba al borde del colapso intentando contener el desastre. Toda la red estaba inundada con la noticia de que Nadia había provocado la salida de Manuela del proyecto, y los hashtags no paraban de escalar posiciones. Peor aún, los internautas habían desenterrado el historial de acoso de Nadia hacia otros compañeros de reparto en el pasado.
Apenas el equipo de relaciones públicas lograba eliminar una tendencia negativa, otra aparecía de inmediato para ocupar su lugar, y luego otra, y otra más. El escándalo público se había convertido en un monstruo incontrolable.
Cerca del mediodía, Thiago y Nadia hicieron su aparición.
Durante el trayecto, ya se habían enterado de que todo internet exigía la cabeza de Nadia, por lo que ambos traían rostros desencajados.
Ya en la sala de juntas, tras organizar al equipo de crisis, Leticia tomó la palabra.
—El catalizador de todo este desastre fue que Nadia asistió a la fiesta de cumpleaños y Manuela la recibió de manera hostil. El problema es que todas las personas que han trabajado con Manuela aseguran que tiene un carácter intachable y que es muy respetuosa con sus colegas. Por lo tanto...
—¿Ah, sí? O sea que si ella es una santa, ¡entonces yo soy el demonio! —estalló Nadia antes de que Leticia pudiera terminar su frase.
—No quise decir eso —se apresuró a aclarar Leticia—. A lo que me refiero es que si Manuela actuó de esa forma contigo, debe haber un motivo oculto.
—¡No hay ningún motivo oculto! ¡Es una vieja resentida que se cree superior y quiso humillarme, pero se encontró con alguien que no le iba a aguantar sus estupideces!
Leticia se masajeó las sienes con cansancio. Conocía a la perfección el temperamento de Nadia. Mientras todos le dieran la razón, ella podría fingir cierta cordura; pero a la menor contrariedad, siempre culpaba a los demás y jamás daba su brazo a torcer, aferrándose a sus propios delirios.
—Nadia, la pura verdad es que todo este escándalo se originó por el regalo que le diste. Fue un error catastrófico.
—Nosotros, pensando de buena fe, creímos que si le regalábamos unas pulseritas al nieto que tanto amaba, la haríamos inmensamente feliz. Pero si resulta que el nieto no es suyo y que su familia acaba de enterarse de que les pusieron los cuernos... llegar a regalarle oro a ese bebé fue el equivalente a lanzar un fósforo encendido en un tanque de gasolina.
Esa revelación fue la pieza que faltaba en el rompecabezas. De repente, la reacción de Manuela cobraba todo el sentido del mundo.
—¡¿Qué clase de incompetentes son ustedes?! ¡¿Cómo se les ocurre hacerme entregar un regalo así sin haber investigado antes?! ¡Prácticamente me arrojaron a los lobos! —Nadia golpeó la mesa con furia. Al recordar de quién había sido la brillante idea del regalo, clavó su mirada venenosa en Renata, que estaba sentada en un rincón—. ¡Renata, ¿acaso tienes el cerebro lleno de aserrín?! ¡De todos los regalos de cumpleaños que podías elegir, tuviste que comprar precisamente esas pulseritas de oro! ¡¿Lo hiciste a propósito para arruinarme?!
Renata adoptó una expresión de absoluta inocencia y desamparo.
—Yo... yo no tenía idea de ese secreto familiar. Yo busqué varias opciones de regalo y se las envié a Leticia para que ella tomara la decisión final. Ella fue quien eligió las pulseritas...
—¡Ya basta! ¡Deja de intentar echarme la culpa! —le gritó Leticia a Renata, cortándola de tajo.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...