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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1255

—La mejor forma de solucionar esto es ir a pedirle disculpas a Manuela y rogarle que regrese a la grabación. Incluso si se niega a volver, al menos debemos asegurarnos de que no publique ninguna locura en internet.

Leticia hizo una pausa antes de continuar.

—La culpa de todo esto la tiene Renata, aunque admito que yo también tengo parte de responsabilidad. Así que seré yo quien la lleve a disculparse con Manuela.

Renata levantó la mirada y, tras dudar un instante, habló:

—No creo haber hecho nada malo.

—¡Renata! No estamos debatiendo si tienes razón o no. ¡Te estoy ordenando que vengas conmigo a pedirle perdón a Manuela!

—No me equivoqué, ¡y no voy a pedir disculpas!

—¿Eres estúpida o te haces? ¿No me escuchas?

—Me parece que son ustedes quienes no entienden lo que digo.

—Solo eres una simple asistente...

—¡Que sea una asistente no significa que puedan pisotearme a su antojo!

—¡Tú!

En ese momento, un vaso de agua voló directamente hacia Renata. Ella alcanzó a esquivarlo por poco. El vaso se estrelló contra la pared a sus espaldas con un fuerte estruendo, salpicándola.

La responsable era Nadia, quien la fulminaba con la mirada.

—¡Si no quieres pedir disculpas, entonces renuncia! Hasta ahora te había soportado a pesar de lo inútil que eres solo porque eras obediente. Pero si ya ni siquiera sabes acatar órdenes, ¡no me sirves para nada!

Renata, aún con el corazón latiendo a mil por hora, se llevó una mano al pecho.

Si no se hubiera apartado a tiempo, ese vaso le habría roto la cabeza y estaría sangrando profusamente...

Nadie más se esperaba que Nadia llegara a los golpes. Los demás presentes agacharon la cabeza y se quedaron en silencio, rogando no salir salpicados en el problema.

—Pueden despedirme, pero no tienen derecho a humillarme.

—Nadia, mi amor, seamos más maduros que ella, ¿sí? Que Manuela venga a pedirte perdón... bueno, eso es casi imposible.

Leticia iba a añadir algo más, pero Thiago le hizo una seña negativa con la cabeza.

La mánager entendió al instante.

—Entonces, aquí termina la reunión. Sigan mis instrucciones previas y controlen a la prensa de inmediato.

Al decir esto, fulminó a Renata con la mirada.

—Y tú, vienes conmigo a disculparte.

Renata respiró hondo y salió detrás de Leticia.

Esperó afuera de la oficina de la mánager durante un buen rato, y cuando esta finalmente salió, la siguió hacia los ascensores.

—No te sientas superior solo porque lograste meterte en la cama del señor Flores —soltó Leticia de repente—. Te seré sincera. Las mujeres en la vida del jefe son innumerables, y tú eres apenas una del montón. Claro que también se ha metido con empleadas de la empresa, pero en cuanto se aburre de ellas, desaparecen de aquí sin dejar rastro. Así que te sugiero que seas inteligente; si sabes cuál es tu lugar, tal vez logres conservar tu empleo un par de años más.

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