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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1263

En aquel entonces, Renata acababa de graduarse de la universidad y todavía no conocía la verdadera crueldad del mundo.

Le gritó al abogado en la cara y juró por su vida que haría que el culpable pagara por lo que había hecho. Pero sus gritos fueron interrumpidos cuando una enfermera salió corriendo del quirófano para que firmara un aviso de estado crítico.

Fue en ese momento cuando descubrió que el médico a cargo de la operación de su madre era apenas un residente. El cirujano principal había tenido un contratiempo en el trayecto y no llegaría.

Renata miró al abogado. Era evidente que esa situación estaba fríamente calculada por él.

—Si firma el acuerdo de confidencialidad y desiste de la demanda ahora mismo, el mejor especialista de este hospital entrará a operar a su madre de inmediato.

Esa fue la primera vez que comprendió lo que significaba el poder de tapar el sol con un dedo.

Sin otra opción, y desesperada por salvar la vida de su mamá, no le quedó más remedio que ceder y firmar.

La cirugía fue un éxito y trasladaron a su madre a cuidados intensivos. Sin embargo, tal como el abogado había advertido, aunque lograron salvarle la vida, su madre quedó en estado vegetativo.

Tiempo después, gracias a sus propias investigaciones, Renata descubrió la verdad. El accidente había ocurrido en una calle recién pavimentada donde acababan de instalar un semáforo. Su madre había cruzado cuando la luz peatonal estaba en verde. Fue el conductor quien, excediendo el límite de velocidad y pasándose la luz roja, la había embestido brutalmente.

Pero como ya había firmado el maldito acuerdo, tenía las manos atadas ante la ley.

Sin embargo, no estaba dispuesta a perdonar. ¿Por qué su madre tenía que sufrir ese infierno por culpa de una persona irresponsable? Alguien que ni siquiera tuvo la decencia de dar la cara o pedir disculpas.

Renata sentía odio. Sentía una furia incontrolable. Solo quería justicia.

Por eso, hizo todo lo posible hasta conseguir un trabajo en esa agencia de entretenimiento y se convirtió en la asistente de Nadia.

Porque, sí, la persona detrás del volante aquel día era Nadia.

Durante esos tres años, tuvo que aguantar la arrogancia de la actriz y ese asqueroso complejo de superioridad que la hacía creerse la dueña del mundo; una actitud directamente alimentada por los mimos de Thiago. Thiago estaba loco por ella, y tal vez Nadia también sentía algo por él, pero lo que más amaba era tenerlo comiendo de la palma de su mano para obtener aún más privilegios.

Pero Nadia no era ninguna tonta. Para poder destruirla, Renata tenía que camuflarse y esperar pacientemente su oportunidad.

De inmediato, el hashtag #NadiaGolpeaASuAsistente escaló posiciones a una velocidad aterradora, hasta colocarse en el primer puesto de tendencias nacionales con la etiqueta de Exclusiva.

La noticia inundó todas las plataformas de video corto y dominó por completo la conversación pública.

Apenas una hora después, el mundo entero había visto esos clips.

Fue entonces cuando sonó su teléfono.

Era Leticia.

—¡¿Tú subiste esos videos a internet?! —bramó Leticia apenas se conectó la llamada.

Renata se recostó en su cama y respondió con una calma escalofriante:

—Me estaban dando una paliza. ¿De dónde se supone que saqué una tercera mano para grabar?

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