—Ahora no me queda más remedio que sospechar que Manuela te trajo solo para darme asco.
Thiago se había dirigido hacia donde estaba el director Andrade, mientras que Nadia caminó directo hacia ella. Renata no tenía la menor intención de hacerle caso y quiso irse a otro lado, pero Nadia le bloqueó el paso.
—¿Acaso tienes la tonta ilusión de que por codearte con la élite ya te convertiste en alguien importante?
Ese día era muy importante para Renata, así que no quería desperdiciar su energía en una guerra de palabras con Nadia. Sin embargo, era evidente que ella no pensaba dejarla en paz.
—¿Así que tú siempre te has creído la reina del lugar? —Renata arqueó una ceja.
El rostro de Nadia se ensombreció.
—¿Sabes qué clase de evento es este? ¿De verdad tienes la desvergüenza de presentarte aquí?
—El director Andrade me dio una invitación, así que por supuesto que tengo el derecho de venir. Lo que no sé es si tú tienes una.
Nadia apretó los dientes en secreto. El director Andrade, de hecho, no le había dado ninguna invitación. Fue ella quien insistió en venir, y Thiago tuvo que contactar personalmente al director Andrade para conseguirle una entrada.
Pero, ¿cómo era posible que el director le hubiera dado una invitación exclusiva a Renata? ¿Bajo qué mérito?
—Nunca en tu vida habías asistido a una gala como esta, ¿verdad?
—Nunca.
—¡Ja! Mira nomás lo que traes puesto. ¡Parece basura sacada de un mercado de pulgas!
Renata no se enojó, simplemente miró a Nadia con una sonrisa tranquila.
Solo las personas consumidas por una rabia impotente recurrían a insultos baratos para atacar a los demás, y la actitud actual de Nadia era la prueba perfecta. Estaba acostumbrada a tratarla como basura y a darle órdenes, pero Renata ya no era su pequeña asistente y no iba a seguir aguantándola. Nadia había perdido ese sentimiento de superioridad frente a ella, y simplemente le resultaba imposible aceptarlo.
—¿De qué te ríes?
—De que me pareces muy graciosa.
—¡Cómo te atreves a burlarte de mí!
—¿Y por qué no habría de atreverme?
—Renata, ¿crees que ofenderme te va a salir gratis? ¡Tú no eres ninguna guionista! ¡No tienes ni una gota de talento en la cabeza, y te atreves a escribir guiones! Lo que escribes seguro es basura y jamás lograrás que lo adapten a la televisión. ¡Te aconsejo que te resignes a seguir siendo una simple asistente! Pero ni sueñes con volver a trabajar para mí, ¡porque me pareces demasiado estúpida y me das asco!
—¿Y tú quién te crees que eres?
—¡Renata!
Justo en ese instante, Manuela bajó por las escaleras.
—Señor Flores, nos volvemos a encontrar.
Manuela se detuvo al lado de Renata y luego se giró hacia Thiago.
—No esperaba que ustedes también asistieran a la fiesta que el director Andrade organizó para su madre. Si lo hubiera sabido, habría mantenido a Renata a mi lado todo el tiempo. Así evitaba que cierta gente que no soporta verla brillar intentara morderla.
*Los únicos que muerden son los perros.*
El rostro de Nadia se enrojeció de pura ira. Estuvo a punto de devolver el insulto ahí mismo, pero Thiago la retuvo del brazo.
—Manuela, me parece que hubo un malentendido. Solo queríamos darle una pequeña advertencia amistosa.
—Oh, así que el señor Flores lo hizo con buena intención —chasqueó la lengua Manuela—. Pero habrá que ver si la otra persona realmente quiere recibir ese tipo de favores, ¿no cree?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...