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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1301

La joven actriz no dejaba de disculparse. Con los ojos llorosos, seguramente pensaba que haber hecho esperar a figuras tan importantes de la industria le había costado no solo el papel, sino hasta el derecho de hacer la prueba.

—Danos una buena razón de tu retraso. Si nos convences, tal vez te demos una oportunidad.

La chica mordió su labio inferior, apenada.

—Es que... supongo que no soy muy buena actuando. El director no paraba de cortar mis escenas y tuve que repetir la toma más de diez veces. Por eso llegué tarde.

Su nivel de honestidad hizo sonreír a todos los presentes. Era cierto, pero cualquier otra en su lugar jamás admitiría frente a productores que era mala actriz. ¿Acaso no se daba cuenta de que eso podía arruinar sus posibilidades?

El director Andrade se giró hacia Renata.

—Renata, tú decides. ¿Le damos la oportunidad o no?

Renata sonrió. Si Gaspar le preguntaba a ella, era porque él mismo quería verla actuar. A ella también le intrigaba; la chica tenía un aura única y, sobre todo, no tenía filtros. Eso le gustaba.

—Tu excusa es bastante sincera. Adelante, te daremos la oportunidad —le dijo Renata.

La joven se iluminó de inmediato y no paraba de dar las gracias.

Lo ideal habría sido que se quitara el maquillaje y el peinado, ya que la obra que preparaban era contemporánea y ella traía puesto un elaborado vestuario de época. Pero ya era demasiado tarde.

—Si me lo permiten, puedo hacer la prueba así —sugirió la actriz.

Renata intercambió miradas con el director y con Manuela. Luego asintió.

—Cuando estés lista.

La chica cerró los ojos un instante para entrar en personaje y comenzó su monólogo.

Su maquillaje no cuadraba, su ropa no tenía sentido para el papel y era mucho más joven que el personaje. Pero en cuestión de segundos, atrapó a Renata. Transmitía la emoción exacta que ella había imaginado al escribir. Fueron solo unos minutos, pero logró sumergirlos por completo en la escena, dándole a Renata incluso nuevas ideas para el guion.

Gaspar y Manuela sintieron lo mismo. Habían encontrado a su estrella. Era ella.

Al terminar la audición, no escatimaron en elogios. El director aprobó su actuación en el acto y comenzaron a discutir detalles serios con su representante.

Para cuando Renata regresó a casa, era de madrugada.

—Yo... yo te juro que no sabía que tu madre fue la víctima de ese accidente. Si lo hubiera sabido, yo...

—Si lo hubieras sabido, te habrías encargado de que jamás me acercara a Nadia. ¿Verdad?

Thiago abrió la boca para justificarse, pero la culpa le cerró la garganta. No tenía cara para defenderse.

—Lo siento.

—Mi madre está muerta. ¿De qué demonios me sirven esas palabras ahora?

—Puedo compensarte.

—Ustedes se creen dueños del mundo. Pero lo que me arrebataron no se compra con toda la plata que tienen.

Renata abrió la puerta de su apartamento. Antes de entrar, se giró para mirarlo con absoluto desprecio.

—Sé que viniste a preguntar si yo orquesté la caída de Nadia. —Renata asintió, sin una pizca de remordimiento—. Sí. Fui yo. Yo armé el conflicto con Manuela. Yo filtré el video donde me humillaba. Yo destapé el escándalo de su aventura. Yo hice que Hanna se volviera en su contra. Armé cada pieza para destruir su imagen pública, y dejé lo del atropello para el final, como el tiro de gracia.

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