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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1303

Todo ocurrió en fracciones de segundo. Renata se quedó congelada, incapaz de reaccionar. En ese instante de vida o muerte, Thiago se abalanzó sobre ella, empujándola a un lado y poniéndose frente al auto.

El vehículo frenó de golpe, deteniéndose a centímetros de las piernas de Thiago.

Aún en shock, Renata vio cómo la puerta del auto se abría con violencia. Nadia salió disparada, con los ojos inyectados en sangre.

—¡Dije que la iba a matar!

Nadia, frustrada por haber fallado con el coche, intentó lanzarse sobre Renata para golpearla. Thiago la interceptó, agarrándola por los brazos.

—¡Cálmate de una maldita vez!

—¡Esa infeliz me tendió una trampa! ¡Me arruinó la vida! ¡Si no la mato hoy, me voy a volver loca!

Renata miró a la desquiciada de Nadia, y una sonrisa de desdén puro se dibujó en su rostro. En ese momento, solo sintió pena por ella. ¿Qué tan estúpida tenía que ser para intentar asesinarla a plena luz del día?

Por supuesto, no iba a dejarlo pasar. Sacó su teléfono de inmediato, lista para llamar a la policía.

Thiago, al ver sus intenciones, soltó a Nadia y corrió para arrebatarle el móvil.

—¿Ella intenta asesinarme y tú la ayudas? —Renata retrocedió, esquivándolo con el teléfono en alto.

A Thiago le iba a estallar la cabeza. Nunca imaginó que Nadia cometería una estupidez de ese calibre.

—Fue un ataque de ira, no sabía lo que hacía. ¡Si llamas a la policía ahora, la vas a hundir para siempre!

—¿Y no es eso exactamente lo que busco?

—¡Te atreves a llamar y te mato! —chilló Nadia, intentando zafarse de nuevo para atacarla.

Thiago ya no daba más. Agotado, la soltó. Nadia se abalanzó sobre Renata, pero al ver que ella ya estaba marcando los números en la pantalla...

—¡No! ¡No llames!

El terror la golpeó de lleno. Entró en pánico y se giró hacia Thiago, suplicando.

—¡Haz algo, que no llame!

—¡Entonces compórtate! —le rugió Thiago.

Al ver que Renata estaba a un segundo de apretar el botón de llamar, Nadia se puso blanca como el papel.

—Renata... —Thiago le sujetó la muñeca con firmeza—. No lo hagas. Por favor, te lo ruego. Te lo suplico. No hagas esa llamada, ¿sí?

Renata se soltó de un tirón y lo miró con los ojos entrecerrados.

—Bien. No haré la llamada.

Thiago estaba a punto de soltar un suspiro de alivio cuando Renata añadió:

—Pero me tiene que pedir perdón ahora mismo.

Thiago guardó silencio un segundo y miró a Nadia. Pero antes de que él pudiera articular palabra, ella estalló.

—¡Jamás! ¡Nunca me voy a rebajar a pedirle perdón a esta mosca muerta!

—Ponte de rodillas.

—¡Renata!

Renata levantó la muñeca para mirar su reloj de manera exagerada.

—Tienes un minuto. Si no estás en el suelo antes de que acabe, la policía viene en camino.

—¡Thiago, mira lo que está haciendo! —Lloriqueó Nadia, horrorizada ante la idea de arrodillarse.

Pero Thiago observaba el rostro inquebrantable de Renata. Sabía que no estaba faroleando. No había margen de negociación.

—Hazlo.

—¡Thiago!

—¡Si no me hubiera atravesado, la habrías atropellado! ¡Darle el gusto de que te arrodilles a cambio de tu libertad es un trato demasiado barato!

Nadia apretó los puños, temblando.

—¡No puedo!

Al decirlo, las lágrimas comenzaron a brotar sin control. Jamás en su vida la habían pisoteado de esa forma. Siempre había sido adulada, consentida y tratada como una reina. Y ahora, esta basura le exigía que se tirara al piso...

Que Renata la odiara, lo entendía. Pero que Thiago le diera la espalda... eso la estaba destruyendo.

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