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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1304

—¡Pues llama a la policía! ¡Si me meten a la cárcel, yo...! —Nadia fulminó a Thiago con la mirada—. ¡Me quito la vida!

—¡Tú! —Thiago respiraba agitado, incrédulo de que Nadia estuviera usando el suicidio como moneda de cambio.

—Me están humillando de la peor manera y tú no haces nada por defenderme. ¡Tú no me amas! —le reclamó, rompiendo en llanto.

En el fondo, a Thiago le partió el corazón. Después de todo, seguía enamorado de ella.

—Me pondré de rodillas por ella. ¿Satisfecha? —dijo, mirando fijamente a Renata.

Renata soltó una carcajada seca.

—Qué conmovedor, señor Flores.

—Renata...

—Entonces arrodíllate.

¡Iba en serio! ¡De verdad iba a obligarlo a arrodillarse!

Pero el rostro de Renata no mostraba ni una pizca de piedad. Al notar su duda, volvió a levantar el teléfono, lista para marcar.

Sin otra opción, Thiago dobló las rodillas y se dejó caer en el pavimento.

—Te pido perdón en nombre de Nadia. —Cada palabra salía de su boca masticando resentimiento—. Y también te pido perdón por lo de tu madre.

—Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.

—¿A qué te refieres?

—Dije que si se arrodillaban, no llamaría a la policía. Eso solo cubre el intento de homicidio de hoy. En cuanto a lo de mi madre... pueden quedarse ahí hasta que se les pudran las rodillas, ¡y jamás los voy a perdonar!

Sin decir más, Renata retrocedió un paso, se tomó unos segundos para disfrutar de la vista de Thiago humillado en el suelo, y se dio la vuelta, satisfecha, para subir a su auto.

El juego apenas comenzaba a ponerse interesante. La actuación de ambos le había parecido patética, pero la próxima vez, se aseguraría de arrancarles lágrimas de verdad.

Al ver el auto de Renata alejarse, Nadia se derrumbó por completo. Se lanzó a los brazos de Thiago, aferrándose a su pecho.

—¡Perdóname! ¡Te juro que no quería que las cosas terminaran así!

—¡Yo... yo no siento nada por ella!

—¡Entonces demuéstralo! ¡Destrúyela como lo harías con cualquier otro!

—Nadia, estabas borracha. Te valió madres lo que te decían, tomaste el volante y atropellaste a su madre. Su madre acaba de morir. ¿De verdad no sientes un gramo de remordimiento?

—¡Le di mucha plata!

—¡La plata no devuelve vidas! Y lo que le dimos ni siquiera cubría los gastos del hospital. Por eso tuvo que buscarme, y yo... yo tampoco fui exactamente un santo con ella.

—¿O sea que te sientes culpable?

—¡Por supuesto que me siento culpable!

—¡Ja! —Nadia soltó una carcajada llena de desprecio—. Thiago, parece que te falla la memoria. Cuando ocurrió el accidente, fuiste al primero que llamé. ¡Tú fuiste quien me prohibió llamar a la policía! ¡Tú te encargaste de encubrir todo, y tú fuiste quien la obligó a firmar ese asqueroso acuerdo!

—¡Cállate!

—¡Así que bájate de tu nube! ¡No tienes ningún derecho a darme lecciones de moral porque eres tan culpable como yo!

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