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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1316

De dos en dos, Renata comió con muchísimo gusto.

—Si hubiera sabido que todas esas empanadas terminarían en tu estómago, no me habría molestado tanto.

Renata torció la boca. Claramente, él sentía que había sido un desperdicio.

—¿Y si te comes un par tú también?

—¡Soy vegetariano!

Ah, claro, lo había olvidado. El señor era un purista.

Después de devorar todo el plato, Renata se sintió inmensamente satisfecha.

—Señor Carrillo, de casualidad traje mi computadora portátil. ¿Podría ayudarme a revisar...?

—Quiero beber —la interrumpió Fabrizio.

Renata apretó los labios. Era normal querer ahogar las penas tras un desamor, pero si se emborrachaba, ¿cómo iba a asesorarla?

—Pero estamos en una cafetería, aquí no venden alcohol.

Media hora después, Renata estacionó frente a un bar lounge sumamente exclusivo. Había escuchado el nombre antes, pero jamás se habría atrevido a pisar un lugar así.

Gastar el dinero del otro para mantenerlo contento y así conseguir que le hiciera un favor... Renata se sintió una genio.

—Señor Carrillo, ¿quiere entrar solo y lo espero aquí?

A ella no le apetecía mucho tomar.

Fabrizio enarcó una ceja.

—¿Aún quieres que te ayude?

Renata se quedó callada un segundo.

—¿Entonces lo acompaño?

Fabrizio no dijo ni que sí ni que no, pero se dio la media vuelta y entró primero.

Renata soltó un suspiro. Qué hombre tan difícil de complacer. Pero por el bien de su aprendizaje, estaba dispuesta a arriesgar la vida acompañándolo.

Fiel a su reputación de lugar de lujo, el interior era extremadamente tranquilo. Caminar por sus senderos se sentía como pasear por un jardín botánico de diseño exquisito; cada paso revelaba un paisaje nuevo y deslumbrante.

—¡Señor Carrillo! Cuánto tiempo sin verlo por aquí. ¿Acaso ya se había olvidado de nosotros?

—Sí. Un millón.

—¿Él aceptó, pero Gloria se echó para atrás?

—Sí.

¿No existía la posibilidad de que marido y mujer se hubieran confabulado para estafarlo?

Renata no expresó su sospecha en voz alta. Al fin y al cabo, no conocía a esa tal Gloria y no era prudente sacar conclusiones apresuradas.

—Me enojé muchísimo. Le dije a Gloria que no volvería a meterme en su vida y me fui a la montaña. Pero con el tiempo... no pude olvidarla. Fui a buscarla de nuevo, y ella me rogó que dejara de interferir en su vida. Me dolió tanto que quise adormecer el dolor con alcohol. Así fue como terminé descubriendo este lugar.

Renata supuso que durante ese tiempo debió venir a menudo y emborracharse constantemente.

—¿Y cómo lograste recuperarte?

En otras palabras: ¿cómo evitó convertirse en un alcohólico?

—Gloria me dijo que no le gustaban los hombres que beben.

Renata se quedó sin palabras. Este hombre era un romántico empedernido y sin remedio.

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