Nina, que en el fondo tenía el orgullo propio de los escritores, sentía que no podía ceder tan fácilmente. Pero los demás se apresuraron a darle una excusa para salvar las apariencias.
—Nadi solo quiere un guion del mismo género, no te pidió que lo copies exactamente. Además, solo se han filtrado dos capítulos; aunque quisieras copiarlo todo, no podrías —dijo uno de los colegas, jalándola de vuelta a su asiento—. Escuchemos primero qué más tiene que decir Nadi.
Nina se aclaró la garganta.
—Puedo tomarlo como referencia, pero jamás cometeré plagio.
Nadia sonrió.
—En realidad, aunque haya algunas similitudes, mientras nosotros estrenemos primero, el público asumirá que ellos nos copiaron a nosotros, no al revés.
—Pero ellos ya tienen la preproducción casi lista. ¿Crees que podamos ganarles la carrera? —Mario Beltrán no lo veía tan factible, al fin y al cabo, ni siquiera tenían un guion todavía.
—Si Nina escribe un poco más rápido, y usted, director, graba a buen ritmo... Y si sumamos algún 'contratiempo' en la producción de ellos, es totalmente posible.
Mario y los demás se miraron. ¿Cómo no iban a entender lo que Nadia insinuaba?
Para ser honestos, era una jugada bastante sucia. Pero había que admitirlo: el dinero que Nadia ofrecía era demasiado tentador.
—Si les interesa participar en nuestro proyecto, ¿les parece si continuamos con la charla? —Nadia echó un vistazo a su alrededor. Los que hace un momento estaban a punto de irse, ahora estaban bien acomodados en sus asientos.
Lanzó una mirada triunfante a Thiago. Ella siempre lo había dicho: con suficiente dinero, cualquier cosa era posible.
Thiago no había dicho una sola palabra, pero su simple presencia era el respaldo que Nadia necesitaba. Los demás sabían que él era su mecenas y protector.
Escondida, Renata soltó una risa fría. Esa Nadia era verdaderamente despreciable. Su plan era plagiar su guion, producir una serie casi idéntica y estrenarla antes que ellos.
Así, cuando la serie original de Renata saliera al aire y el público notara las similitudes, la indignación caería sobre la producción que se estrenó de último.
Incluso estaba segura de que Nadia pagaría a la prensa para acusarla de plagio.
Al regresar a la sala privada, Renata llamó inmediatamente a Manuela.
Manuela no la dejó ni terminar de hablar cuando empezó a maldecir llena de furia.
Tras colgar, Renata sintió un poco de alivio. Confiaba plenamente en su guion y en el talento de su equipo.
—Qué ruido.
El hombre que se había desmayado por el alcohol finalmente despertó, aunque seguía bastante ebrio.
—¿Tú... qué haces en mi cuarto?
Fabrizio abrió los ojos confundido. Al ver a Renata, se asustó tanto que se encogió hacia atrás, abrazándose a sí mismo como si temiera que ella fuera a hacerle daño.
A Renata le tembló un poco el labio.
—Mira bien a tu alrededor. ¿Te parece que esto es tu cuarto?
Fabrizio miró a todos lados apresuradamente, pero tras inspeccionar el lugar, se puso aún más tenso.
—¿A dónde me trajiste? ¿Qué me vas a hacer?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...