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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1319

—Señor Carrillo, está borracho. Ahora mismo lo voy a llevar a su casa.

Renata se acercó e intentó levantarlo, pero él apartó su mano de un manotazo.

—No me voy con extraños.

Su instinto de supervivencia estaba bastante alerta. Renata lo pensó un momento.

—No soy una extraña y no te voy a lastimar.

—¿Entonces quién eres?

Renata estaba a punto de perder la paciencia.

—¡Soy tu madre!

Para su sorpresa, al escuchar eso, Fabrizio empezó a temblar. Cuando volvió a mirarla, había terror genuino en sus ojos.

—¡Tú... tú no eres ella!

—Eh... —Tal vez esa broma había sido de muy mal gusto—. En realidad soy...

—Ella no se parece a ti en nada. Tiene tres ojos, pinzas gigantes, todo el cuerpo cubierto de espinas, y cuando abre la boca, tiene colmillos horribles. Su comida favorita es la gente...

Renata frunció el ceño. ¿Esa era la imagen que él tenía de su propia madre?

—No me quiere, siempre me pincha con sus espinas, por eso le tengo tanto miedo —seguía murmurando Fabrizio para sí mismo.

—No soy tu madre. Yo... soy tu amiga —dijo Renata, asignándose una nueva identidad.

—¡No necesito amigos!

Esta vez no sintió miedo, sino enojo.

—¡Seguro quieres algo de mí y por eso dices ser mi amiga!

—¿Qué podría querer yo de ti? —suspiró Renata, agotada.

Después de todo, ella no aspiraba a convertirse en astrónoma.

Por miedo a interrumpirlo, Renata se quedó de pie detrás del sofá, sin atreverse a mover un músculo.

Justo cuando pensó que Fabrizio iba a corregirle todo el documento de un tirón, él bostezó y se dio la vuelta, dispuesto a tirarse a dormir en el sofá.

—Señor Carrillo, ya le preparé la habitación. Vaya a dormir a la cama.

Renata lo interceptó rápidamente y lo guio hasta el cuarto de invitados.

Tan pronto tocó el colchón, se quedó profundamente dormido, sin darle ni un problema más.

Renata, aliviada, regresó a la computadora. Al ver que le había corregido más de la mitad del texto, su alivio se transformó en pura alegría. Guiándose por sus notas, empezó a corregir el guion esa misma noche. Muchas cosas que antes no lograba encajar, de repente cobraron perfecto sentido.

Impulsada por la emoción, se quedó escribiendo hasta pasadas las doce de la noche, momento en el que alguien tocó a la puerta.

¿A esta hora?

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