¿Qué tenía de malo anhelar un rayo de luz? Lo lamentable era que esa luz no le pertenecía a Fabrizio.
Renata suspiró profundamente. Ahora entendía la magnitud de lo que Gloria representaba en el corazón de Fabrizio, pero algo le seguía pareciendo extraño.
Lo pensó con detenimiento y de pronto descubrió un problema crucial. Gloria era, en cierto modo, la salvadora de Fabrizio e incluso su familia, pero eso no tenía nada que ver con el romance. Y Fabrizio siempre hablaba de cómo Gloria lo había rescatado, algo que tampoco tenía que ver con el amor.
Vaya, al parecer Fabrizio había confundido la gratitud con el amor romántico.
Pero, ¿cómo se lo decía?
Renata se quedó en silencio un momento, pensando que era mejor no decírselo directamente. En primer lugar, él no le creería, y en segundo lugar, tampoco eran tan cercanos como para que él deseara que ella le pinchara la burbuja.
—Primero, necesitas aclarar tus propios sentimientos. ¿De verdad quieres estar con Gloria o crees que ya es momento de rendirte?
Fabrizio bajó la mirada con una sonrisa amarga.
—Si no me rindo ahora, terminaré despreciándome a mí mismo.
Renata soltó un pequeño suspiro de alivio y le dio unas palmaditas en el hombro.
—Muy bien, eso demuestra que tu cabeza sigue funcionando con normalidad.
Fabrizio frunció el ceño.
—Gloria es una gran mujer.
—¡Yo nunca dije lo contrario! —se apresuró a decir Renata, levantando las manos en señal de rendición—. A lo que me refiero es a que ella ya está casada y tiene un hijo. Por una cuestión de responsabilidad hacia ella y hacia ti mismo, deberías dejarlo ir. Claro que, si no quieres hacerlo, tampoco me voy a oponer.
Fabrizio agachó la cabeza.
—Lo siento, es solo que...
—Es solo que no es una decisión fácil de tomar, ¿verdad?
—La he amado durante diez años.
—Diez años es bastante tiempo, en efecto.
—Pero ya... he tomado mi decisión.
Renata asintió.
—Pero antes de que te vayas, ¿podrías ayudarme a revisar este fragmento? Siento que la trama que armé no es muy lógica.
Fabrizio le echó un vistazo rápido y de inmediato recuperó esa expresión arrogante que gritaba que el mundo entero era estúpido y él era el único inteligente.
—Incluso la ciencia ficción debe basarse en hechos científicos fundamentales. Lo tuyo es pura fantasía sin sentido.
Renata se rascó la cabeza. Escribir novelas siempre le permitía volar con la imaginación, pero para una serie de televisión, la historia debía ser más rigurosa.
—El señor Carrillo tiene toda la razón, aprenderé con humildad.
Renata era experta en retener a la gente. Antes de que Fabrizio terminara de responder una duda, ella ya tenía preparada la siguiente. Además, sabía leer muy bien sus expresiones: si él mostraba el más mínimo gesto de impaciencia, ella se detenía al instante.
Tras resolver varias dudas seguidas, Renata lo despidió educadamente.
—Volveré en la noche. Si vas a salir, acuérdate de enviarme por mensaje la clave de la puerta.
Sin siquiera pensar que sus palabras pudieran sonar inapropiadas, Fabrizio se dio la vuelta y se marchó.
A Renata le tembló un poco la comisura de los labios. Le había dicho que fuera a observar a Gloria en secreto, ¡pero no le había invitado a quedarse a dormir en su casa! Vaya que él se tomaba libertades, hasta le pedía la clave de acceso.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...