—Ella te salvó.
—Sí. Y también me hizo entender lo estúpido que estaba siendo.
—De hecho, cuando los viste tomar la sopa ya te habías arrepentido, ¿verdad?
—Exacto. Pero para ese momento, pensé que ya era demasiado tarde.
—Así que después, cuando te enteraste de que Gloria había cambiado la sopa, sentiste mucho agradecimiento hacia ella.
—En el fondo estaba agradecido, pero de mi boca solo salieron insultos, le grité que había arruinado mis planes.
—¿Y luego?
—Me dio una paliza.
—¿Eh?
—No sé de dónde sacó el palo, pero cerró la puerta de mi cuarto con llave y me dio la paliza de mi vida —Al recordar los golpes, Fabrizio sonrió de forma genuina—. Fue la primera vez en mi vida que alguien me pegaba, me regañaba y me enseñaba qué era ser una persona decente.
—¿Y tus padres?
—Ellos se conocían desde niños, alguna vez estuvieron muy enamorados. Vivieron una época maravillosa cuando recién se casaron. Pero entonces mi mamá descubrió que mi papá le era infiel, y para vengarse, ella también se buscó un amante. Empezaron a resentirse el uno al otro, las discusiones y los gritos llenaron prácticamente cada día de mi infancia.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...