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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1360

—Conseguir este papel me costó sudor y lágrimas, no puedo dejar pasar esta oportunidad.

—¡Tu salud y nuestro hijo son más importantes!

—¡Benicio!

—Está bien, no voy a pelear contigo aquí. Lo hablaremos cuando lleguemos a casa.

—¡No tienes ni idea de lo desesperada que estoy! Mejor dicho, ¡de lo aterrada que estoy! —Nadia apartó a Benicio de un empujón y le gritó en la cara.

Benicio frunció el ceño.

—¿De qué tienes tanto miedo?

Nadia apretó la mandíbula. No quería decirlo en voz alta, pero la presión era demasiada.

—Thiago está por salir de la cárcel.

Benicio se quedó paralizado por un segundo.

—¿No lo habían condenado a tres años?

—Le redujeron la condena.

—¿Y eso qué importa?

—Si se entera de que estoy embarazada de ti, ¿crees que nos dejará en paz?

Al mencionar a Thiago, Benicio también pareció intimidarse un poco.

—Tú no lo amas. Debiste haberle dejado las cosas claras hace mucho tiempo. Y sobre Bárbara, tampoco es su hija...

—¡Benicio! —le gritó Nadia, tajante—. ¡Habíamos acordado que fingiríamos que Bárbara era suya! ¡Lo engañaremos todo el tiempo que sea necesario!

El hombre se pasó una mano por el cabello, frustrado.

—¿Y para seguir con la farsa piensas casarte con él?

Nadia soltó un suspiro pesado.

—No lo sé. Pero por nada del mundo puede enterarse de lo nuestro. Si lo descubre, estamos acabados.

Benicio no replicó. Estaba claro que él también entendía que las consecuencias de jugar con Thiago serían catastróficas.

—Vámonos a casa primero.

Al ver cómo las figuras de ambos se alejaban por el pasillo, Renata guardó su celular, y una sutil sonrisa se dibujó en sus labios.

A la mañana siguiente, Renata acudió al hospital para relevar a Fabrizio.

Hacia el mediodía, cuando Fabrizio regresó, ella se dirigió directamente a la prisión. Ese día correspondía la visita mensual, y ella nunca faltaba a la cita.

Thiago ya se había acostumbrado a verla ahí.

—¿Incluso estando así, no es suficiente para ti?

—No.

Thiago la miró a los ojos y vio una crueldad genuina y afilada en su rostro, un rencor tan profundo que le hizo entender que su venganza estaba lejos de haber terminado.

—Por cierto, tu hija ya tiene un año y medio. Está hermosísima.

Renata sacó una fotografía de su bolso y la apoyó contra el cristal. Era una foto de la hija de Nadia.

Al ver a la pequeña en la imagen, la mirada de Thiago se suavizó al instante. Su mano se levantó instintivamente y acarició el cristal, como si pudiera tocar las mejillas de la niña.

—El mes pasado me dijiste que ya sabía caminar.

—Ahora ya corretea por todas partes.

Cada mes que Renata iba a visitarlo, le llevaba una foto diferente de la hija de Nadia. Sin fallar una sola vez, le estaba permitiendo ver crecer a la niña. A esa niña que él juraba que era de su propia sangre.

—El próximo mes por fin podrás ver a tu hija en persona.

Thiago asintió con fervor.

—El mes que viene... por fin la veré. A mi hermosa princesa.

Lo único que él no lograba comprender era: si Renata lo odiaba tanto, ¿por qué iba cada mes a verlo y, encima, le llevaba fotos de su hija? ¿Qué diablos estaba planeando?

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