Aunque el director le estaba presentando a Renata, sus palabras estaban cargadas de elogios; estaba más que satisfecho con las modificaciones al guion.
Nadia apretó los puños. Así que había sido ella quien reescribió la historia, convirtiendo un personaje secundario que originalmente era encantador en una mujer odiosa que, tras muchas dudas, terminaba siendo la amante.
Estaba segura de que Renata sabía que ella iba a interpretar ese papel y lo había modificado a propósito. Lo hizo para castigarla y humillarla.
—Nadi, ¿quieres repasar tus líneas una vez más? —preguntó el director.
Nadia no quería filmar la escena de la bofetada frente a Renata, pero si pedía más tiempo, el director se enfadaría.
—No es necesario, ya me las sé.
—Perfecto, vamos de nuevo.
Una vez que todo estuvo en posición, el director dio la señal.
La otra actriz le cruzó la cara de una bofetada. Nadia, soportando la humillación, pronunció su línea:
—¿Tú... tú quién eres? ¿Por qué me pegas?
—¡Soy la esposa de Alejandro! Cuando lo sedujiste y te metiste en su cama, ¿no se te ocurrió investigar quién era su mujer y de lo que era capaz?
—El señor Vargas y yo no tenemos nada que ver.
—¡Zorra mentirosa!
La escena fluyó sin problemas. Aunque el director no estaba del todo fascinado con la actuación de Nadia, al menos servía.
Después grabaron un par de escenas más, pero el director empezó a notar que el trabajo de Nadia era mediocre. Intentó dirigirla, repitieron las tomas una y otra vez, y la paciencia del set comenzó a agotarse.
—Déjalo, así se queda. Contratarla fue la peor decisión que pude haber tomado —murmuró el director.
Aunque bajó la voz, Nadia logró escucharlo.


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...