Mientras Renata hablaba, el padre de Fabrizio apareció en el umbral de la puerta. Primero miró a la joven, quien negó con la cabeza, asustada y con los ojos llorosos. El rostro de Dante Carrillo se endureció aún más.
—¡El hijo de Dante Carrillo jamás se irá por ahí para hacerse monje y vivir en castidad! ¡Eso es inaceptable! ¡Tienes que casarte y darle herederos a la familia Carrillo, esa es tu maldita obligación!
Renata apretó los labios, confundida. ¿Fabrizio quería hacerse monje?
Nunca le había mencionado algo semejante.
—Señor Carrillo —intervino Renata, alzando la voz—, sin importar la situación, no puede usar métodos tan sucios para obligarlo. ¡Lo está humillando!
—¡Los asuntos de la familia Carrillo no le conciernen a una intrusa!
Dante la fulminó con la mirada.
—¡Lárgate de aquí ahora mismo, o mis hombres te sacarán a rastras!
—¡Si insiste en esto, llamaré a la policía!
—¿De verdad crees que les tengo miedo?
Renata respiró hondo. La familia Carrillo tenía muchísimo poder en Nublario; era muy probable que no le importara en absoluto un escándalo policial. Sin embargo, llamar a las autoridades podría detenerlo temporalmente. Pero, por otro lado, Fabrizio había decidido llamarla a ella en lugar de a la policía, lo que significaba que tenía sus razones para no querer involucrarlos.
—¡Sáquenla! —le gritó Dante a sus hombres.
Renata miró a Fabrizio, que ya estaba perdiendo la consciencia. Si lo dejaba solo, esa noche terminaría siendo víctima de su propio padre.
—¡Soy su novia! —gritó Renata, plantándose frente a Dante—. ¡Y no voy a permitir que le hagan esto!
—Hace un segundo eras su amiga, ¿ahora resulta que eres su novia? —Dante la miró con escepticismo.
—Llevamos poco tiempo saliendo, y considerando que usted es su padre, obviamente me daba vergüenza admitirlo.
El señor Carrillo entrecerró los ojos.
—Iba a meterse a un monasterio. ¿Cómo iba a tener novia?
—¿Él se lo dijo directamente?
—Lo escuché pidiendo informes en una capilla y lo vi leyendo textos sagrados.
—¡Ir a la capilla a buscar tranquilidad y leer textos sagrados es solo para encontrar paz mental, no significa que vaya a hacerse monje! Además, nos queremos mucho, jamás me abandonaría.
—¿Cómo te llamas?
—Renata Morales.
—¡No quieras nada!
Renata lo empujó con todas sus fuerzas. Cuando logró ponerse de pie e intentó ayudarlo a levantarse, vio cómo él se aferraba a las sábanas, luchando desesperadamente por mantener el control.
El padre de Fabrizio realmente le había dado una dosis altísima.
Si no lo llevaba al hospital pronto, las consecuencias físicas serían graves.
La empleada regresó y la ayudó a darle de beber el agua fría antes de meterlo a empujones al auto.
Renata condujo a toda velocidad hacia urgencias. Cuando el doctor vio el estado de Fabrizio, estuvo a punto de llamar a la policía.
Tras más de una hora de tratamiento intensivo, el efecto de la droga por fin comenzó a ceder.
Renata entró a la habitación para verlo. Fabrizio giró el rostro, claramente avergonzado.
—Ejem... ya estoy bien. Puedes irte si quieres.
Renata frunció el ceño en un gesto juguetón.
—Vaya, me usas y me desechas. Qué insensible de tu parte.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...