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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1370

Thiago se sirvió un vaso de agua y lo levantó a modo de brindis hacia Renata.

—Dejé el alcohol mientras estuve adentro, así que brindaré con agua. Felicidades por tu matrimonio. —Y se bebió el vaso de un solo trago.

Renata asintió con frialdad.

—Gracias, pero no tenías ninguna obligación de avisarme que estabas libre.

—En realidad, vine a buscarte por otra razón.

—¿Por qué?

—Mi abogado viene en camino. Él te explicará los detalles.

Tras decir eso, Thiago agachó la cabeza y siguió engullendo la comida, bocado tras bocado.

—Oye, ¿él sabe lo nuestro?

—Tú y yo somos historia. Si lo sabe o no, da igual.

—Mejor no se lo cuentes.

—¿Por qué no habría de hacerlo?

—Porque siendo yo tan exitoso e increíble, podrías causarle complejos de inferioridad.

—Él es mil veces mejor que tú.

—¿Tú crees?

Renata esbozó una sonrisa burlona.

—Es astrofísico y tiene reconocimiento internacional.

—Ah, bueno, eso sí es de respetarse.

—No le llegas ni a los talones.

Thiago se metió un trozo de carne a la boca y levantó la vista para mirarla.

—Creo que también es más guapo que yo.

—Definitivamente.

—Pero hay algo en lo que seguro le gano.

—¿En qué?

—En que no tengo vergüenza.

Renata asintió.

—Totalmente de acuerdo. Hay que ser muy descarado para atreverse a buscarme.

Para sorpresa de ella, Thiago soltó una carcajada.

—Creo que nunca habíamos bromeado así.

Renata suspiró con pesadez.

Renata hojeó los papeles por encima. Eran auténticos contratos de donación irrevocables. Acciones, casas, negocios...

—Thiago, ¿qué significa esto?

—Es una compensación.

—¿Ah, sí? ¿Y en calidad de qué me estás compensando? ¿Vienes a lavar las culpas de Nadia?

—No. Es por mí. —Thiago exhaló profundamente—. Tómalo como si nos hubiéramos divorciado y esta fuera tu parte de los bienes.

—Nosotros nunca nos casamos, así que no hay nada que divorciar.

—Renata, cualquiera que rechace una oferta así es un absoluto imbécil.

Renata empujó los documentos de vuelta hacia él.

—No quiero ni un centavo que no me corresponda.

—Es una muestra de mi buena voluntad.

—Pues no la acepto. Y ni se te ocurra pensar que puedes comprar mi silencio o mi perdón con esto. Me la deben, y me la van a pagar, pero no con dinero. ¡Quiero verlos sufrir, sentir miedo y retorcerse de arrepentimiento!

Renata se levantó, le lanzó una mirada de puro asco y se dio la media vuelta para irse.

—Renata, tu venganza tiene que terminar aquí.

—¡Ni en tus sueños!

—Ahora que estoy libre, te juro que no permitiré que le pongas un dedo encima a Nadia ni a nuestro hijo.

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