Thiago se sirvió un vaso de agua y lo levantó a modo de brindis hacia Renata.
—Dejé el alcohol mientras estuve adentro, así que brindaré con agua. Felicidades por tu matrimonio. —Y se bebió el vaso de un solo trago.
Renata asintió con frialdad.
—Gracias, pero no tenías ninguna obligación de avisarme que estabas libre.
—En realidad, vine a buscarte por otra razón.
—¿Por qué?
—Mi abogado viene en camino. Él te explicará los detalles.
Tras decir eso, Thiago agachó la cabeza y siguió engullendo la comida, bocado tras bocado.
—Oye, ¿él sabe lo nuestro?
—Tú y yo somos historia. Si lo sabe o no, da igual.
—Mejor no se lo cuentes.
—¿Por qué no habría de hacerlo?
—Porque siendo yo tan exitoso e increíble, podrías causarle complejos de inferioridad.
—Él es mil veces mejor que tú.
—¿Tú crees?
Renata esbozó una sonrisa burlona.
—Es astrofísico y tiene reconocimiento internacional.
—Ah, bueno, eso sí es de respetarse.
—No le llegas ni a los talones.
Thiago se metió un trozo de carne a la boca y levantó la vista para mirarla.
—Creo que también es más guapo que yo.
—Definitivamente.
—Pero hay algo en lo que seguro le gano.
—¿En qué?
—En que no tengo vergüenza.
Renata asintió.
—Totalmente de acuerdo. Hay que ser muy descarado para atreverse a buscarme.
Para sorpresa de ella, Thiago soltó una carcajada.
—Creo que nunca habíamos bromeado así.
Renata suspiró con pesadez.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...