—Mamá, esta es mi hija, tu nieta, sangre de la familia Flores. ¡Cómo puedes no reconocerla!
Al escuchar a su madre decir eso, Thiago se molestó bastante.
La señora Flores soltó una risa fría.
—¿Ni siquiera te reconocemos a ti y esperas que la reconozcamos a ella?
—¡Mamá!
—Además, ¿estás seguro de que es tu hija y no de Nadia con otro hombre?
Al escuchar esto, Thiago enfureció por completo.
—¡Puedes no reconocerme a mí, pero no puedes dudar de mi bebé! Parece que no debí haber vuelto hoy. No, debería irme de esta casa para siempre y no volver jamás.
Dicho esto, Thiago salió furioso.
Elena Flores se indignó aún más. Llevándose la mano al pecho, le gritó a la espalda de su hijo:
—¡Recuerda bien lo que dijiste hoy! No vuelvas nunca más a esta casa, ¡haremos de cuenta que jamás tuvimos un hijo!
Apenas Thiago cruzó el umbral, la puerta principal se cerró de golpe a sus espaldas.
Soltó un par de suspiros profundos para calmarse un poco y se golpeó la frente con frustración. Ese maldito temperamento suyo... Había vuelto a casa para pedirles perdón a sus padres, ¿cómo terminaron discutiendo de esa manera?
Se dio la vuelta y miró la puerta cerrada. Olvídalo, mejor dejar que todos se enfríen un poco.
El llanto de la pequeña Bárbara lo sacó de sus pensamientos. Thiago se apresuró a arrullarla con voz suave. Al ver que se frotaba los ojitos, supuso que tendría sueño.
—Señor Flores, ¿quiere que me lleve a la niña a casa para que duerma? —ofreció la niñera.
—No es necesario, la dormiré en mis brazos.
Thiago acomodó a Bárbara de forma horizontal y la arrulló con dulzura. En poco tiempo, la pequeñita se quedó dormida.
—Eh, algo así.
El doctor sonrió.
—¿Cómo que algo así? Lo estás o no lo estás. Si estás casada, es probable que consideren tener hijos, pero antes de hacerlo, sería mejor que tú y tu esposo se hagan un chequeo general. Tu matriz todavía está delicada, lo ideal es que solo tengas un bebé a la vez, un embarazo único; así el impacto en tu cuerpo será menor.
—Entendido, seguiré sus recomendaciones al pie de la letra.
—Por favor, debes evitar a toda costa otro aborto espontáneo. En tu caso, sería sumamente peligroso.
Renata asintió. Hacía dos años, la misma noche en que Thiago fue sentenciado, ella comenzó a sangrar profusamente. Llamó a una ambulancia de inmediato y fue al hospital. Allí se enteró de que había estado embarazada, de casi cuatro meses. Su propia negligencia y la inestabilidad emocional de esos días habían provocado la pérdida.
Fue una situación crítica; no solo casi pierde el útero, sino también la vida.
Por suerte, Fabrizio Carrillo llegó a tiempo y contrató al mejor especialista en ginecología de Nublario, salvándola del peligro. En ese entonces, el médico le advirtió que, aunque habían salvado su útero, sería muy difícil que volviera a concebir.
Como después siguió teniendo problemas de salud, decidió recurrir a la medicina natural.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...