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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1376

Thiago besó las lágrimas en los ojos de Nadia; tenían un sabor húmedo y salado.

—¿Por qué nunca fuiste a visitarme? —no pudo evitar preguntar.

—Tenía miedo de... no soportarlo.

Thiago dejó escapar un suspiro.

—Está bien. Le pedí a Jairo y a los demás que no fueran, así que era natural que tampoco quisiera que tú me vieras ahí.

Solo Renata... ella quería verlo hundido, así que se lo permitió. Si eso la hacía sentir un poco mejor, también aliviaba en parte su propia culpa.

El beso entre ambos se volvió cada vez más profundo. Justo cuando la pasión estaba a punto de desbordarse, escucharon pasos en el sendero contiguo, seguidos de alguien tosiendo. Los dos se separaron al instante y, sin decir más, Thiago tomó a Nadia de la mano y la llevó de vuelta a casa.

Bárbara ya estaba dormida y la niñera también. Una vez en la habitación, Thiago volvió a besar a Nadia, esta vez sin ninguna reserva. Sin embargo, justo cuando intentaba dar el siguiente paso, ella lo empujó suavemente con las manos.

—Yo... estoy en mis días.

Al escucharla, Thiago apoyó su frente contra la de ella, respirando agitadamente.

—Qué mala suerte.

—Lo siento.

Thiago sonrió con ternura.

—¿Por qué te disculpas? No es tu culpa.

Le dio un beso apasionado antes de soltarla finalmente.

—Iré a darme una ducha.

Cuando Thiago salió del baño, vio que Nadia le había preparado algo de ropa. No era un pijama, sino ropa vieja que él había dejado allí hace tiempo.

—¿Qué significa esto? ¿No quieres que pase la noche aquí?

Nadia negó frenéticamente con la cabeza.

—Estás imaginando cosas. Es solo que últimamente los paparazzis me están acosando demasiado. No quiero que te fotografíen y termines en los titulares. Acabas de salir, es mejor mantener un perfil bajo para evitar que nos busquen problemas.

Esa excusa sonaba demasiado forzada. Él ni siquiera pertenecía al mundo del espectáculo; si lo fotografiaban o si su nombre se volvía tendencia, no tendría ningún impacto real en su vida.

¿Qué iba a hacer? ¿Qué se suponía que debía hacer ahora?

Benicio le había prohibido abortar y la estaba presionando para que hablara claro con Thiago. De hecho, fue él quien la llamó hace unos momentos y le ordenó que echara a Thiago, que no le permitiera quedarse a dormir.

Si no hacía exactamente lo que Benicio decía, la expondría frente a todos.

En ese instante, Nadia se llenó de arrepentimiento. Jamás debió haber retomado su romance con Benicio, mucho menos haber dado a luz a Bárbara, y ni hablar del niño que ahora crecía en su interior...

Mientras se ahogaba en su desesperación, la puerta de la habitación se abrió de golpe.

Benicio entró con el rostro ensombrecido.

—Si no los hubiera interrumpido, se habrían acostado ahí mismo en el jardín. ¿No que te daba asco que te tocara? ¿Esta es tu definición de asco?

—Benicio, nosotros...

Sin dejarla terminar, Benicio la jaló con fuerza, arrastrándola hacia la cama y besándola con brutalidad.

—¡Recuerda bien esto: yo soy tu hombre, tu único hombre!

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