Thiago miró fijamente a Leticia, sus ojos se oscurecieron con intriga y furia.
—¿Qué quieres decir? ¿Por qué no deberíamos demandar?
Ese tipo de calumnias destruía la reputación de Nadia. Al ser totalmente falso, debían demostrar una postura firme y contundente, aplicar un castigo ejemplar.
Pero Leticia sugería no hacerlo, y debía tener sus razones.
Leticia abrió y cerró la boca en un par de ocasiones, sin saber cómo abordar el tema. En realidad, no tenía la absoluta certeza de que Nadia estuviera embarazada, pero las posibilidades eran enormes.
Si lanzaba la sospecha y resultaba ser mentira, tanto Thiago como Nadia la culparían a ella. Mejor callar.
—Solo pensaba que es mejor no echarle más leña al fuego.
—¿Mejor no echarle más leña al fuego? ¡Es por esa actitud conformista que Nadia ha sufrido tanto abuso en estos dos años!
—Señor Flores...
—¡Contacta al departamento legal inmediatamente y envía las notificaciones de demanda!
Leticia dejó escapar un largo suspiro. Sabía que era inútil intentar razonar con Thiago, así que salió de la oficina. Evidentemente, no iba a enviar ninguna demanda, así que decidió llamar directamente a Nadia.
—El señor Flores planea demandar a los usuarios que esparcieron el rumor de tu embarazo.
Bastó esa sola frase para que, del otro lado de la línea, cundiera el pánico.
—¡¿Qué... qué?! ¿No debería concentrarse en resolver lo del incidente en el set y mi salida del proyecto? ¿Por qué se pone a demandar a gente de internet? ¡¿Acaso se volvió loco?!
—Prefiero que se lo digas tú misma.
—¡No, no! ¿Por qué tengo que decírselo yo? ¡Tú eres la que debería disuadirlo!
—Porque no sé qué argumento inventarle. Emitir notificaciones legales mientras resolvemos el tema de los golpes y tu renuncia no interfiere en nada; de hecho, es el procedimiento estándar de la industria. Porque...
Thiago levantó la mirada hacia ella y frunció ligeramente el ceño. Le había advertido claramente que no saliera de casa estos días.
—Señor Méndez, entonces cuento con su apoyo. Por favor, échenos la mano con esto.
Dicho esto, Thiago finalizó la llamada y volvió su atención hacia Nadia.
—¿Qué acabas de decir?
Al escuchar que Thiago mencionaba a un tal señor Méndez, Nadia comprendió que se había precipitado. No estaba hablando con un abogado.
—Yo... Quería decir que es mejor no enviar ninguna demanda por ahora. Al fin y al cabo, el tema no tiene tanta relevancia. Si actuamos legalmente, solo haremos que se vuelva una tendencia más fuerte. En mi situación actual, lo más prudente es guardar silencio y esperar a que todo el ruido se apague solo.
Thiago dejó escapar un suspiro.
—Pero estas calumnias son devastadoras para tu imagen pública.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...