Thiago bajó a su hija, creyendo que correría hacia los juegos infantiles, pero ella dio la vuelta y se dirigió hacia la entrada de otro edificio.
—¡Papá, papá!
Señaló la puerta del edificio, hablándole a Thiago.
—Papá está justo aquí —sonrió él—. ¿Acaso tienes otro papá?
La tomó en brazos y le dio un beso en la mejilla.
—Bárbara es la única hija de papá, y papá es el único papá de Bárbara, ¿verdad?
La niña no comprendió sus palabras, solo pataleaba intentando entrar al edificio.
—¿A quién buscas exactamente? —Thiago empezó a sentir curiosidad.
Justo en ese momento, Nadia salió de ese mismo edificio. Al verlo, se llevó un buen susto.
—¿Cómo... cómo sabías que estaba aquí...?
Apenas soltó las palabras, se dio cuenta de su error y cerró la boca de golpe.
Thiago frunció el ceño.
—¿Qué hacías saliendo de este edificio?
Nadia desvió la mirada rápidamente.
—Ah, tengo una amiga que vive aquí.
—¿Una amiga? Nunca me habías mencionado que tenías una amiga viviendo aquí. ¿Quién es?
—Es una amiga que hice en estos dos años, no la conoces aunque te diga su nombre.
Nadia se acercó para abrazarse al brazo de Thiago y se puso de puntillas para darle un beso.
—¿Por qué tratas mejor a nuestra hija que a mí?
Las palabras de Nadia lo hicieron sonreír.
—¿Acaso estás celosa de tu propia hija?
—Por supuesto. Yo debo ser la mujer que más ames en este mundo.
—Está bien, eres tú.
Con la niña en un brazo y sosteniendo la mano de Nadia con el otro, Thiago caminó hacia su casa.
—Deberías tomarte un descanso del mundo del espectáculo por un tiempo. Te prometo que no será mucho; en cuanto pase todo este escándalo en internet, financiaré otra serie para ti.
—Thiago.
—¿Mmm?
—Vámonos de viaje.
—Pensé que era un ladrón.
—Veo que se te olvidó que ya estás casada y que yo soy tu esposo, ¿no?
Renata le sacó la lengua. Era cierto; al escuchar que alguien entraba a casa a medianoche, en lo último que pensó fue en el esposo con el que se acababa de casar.
La luz se encendió de golpe.
Fabrizio se sirvió un vaso de agua y le dio varios tragos largos.
Al verlo cubierto de polvo, Renata le preguntó si había estado cargando bultos de cemento en alguna obra.
—Gloria alquiló una casa nueva, pero la pintura de las paredes se caía a pedazos, así que decidió volver a pintar. Fui a verla y aproveché para ayudarla con ese trabajito.
—¿Y terminaste hasta ahora? —preguntó Renata, divertida.
—Sí. Como no tengo experiencia, tuve que repetir el trabajo dos veces. Por eso se hizo tan tarde.
—¿Ya cenaste?
—Le dije a Gloria que regresara a su antigua casa a descansar y que no se preocupara por mí.
Renata caminó hacia la cocina.
—¿Qué quieres comer?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...