Dicho esto, Leticia dio media vuelta y se marchó.
Que recogiera ese desastre quien quisiera, ¡ella ya no aguantaba más!
Al ver que Leticia se había ido de verdad, Thiago pateó su silla con furia. Cuando volvió la vista a la pantalla, el color brillante del acta de matrimonio le lastimó los ojos. Resultaba que Renata se había casado con otro hombre.
Estaba casada.
Era algo que jamás imaginó, pero a fin de cuentas, ¿qué le importaba a él?
Se dejó caer en la silla. Inevitablemente, recordó cómo durante los últimos dos años, ella iba a visitarlo a prisión cada mes. Por un lado, creía que solo iba a regodearse de su miseria; pero por otro, no podía evitar fantasear con la idea de que en el fondo aún lo amaba y por eso no dejaba de ir a verlo.
Sin embargo, esa fantasía acababa de ser destruida por un acta de matrimonio. Ella se había casado poco después de que él saliera de la cárcel.
Con la renuncia de Leticia, la compañía se paralizó por completo. No era que los empleados no quisieran trabajar, sino que no tenían idea de cómo manejar semejante crisis.
La intención inicial de Thiago al usar a Renata como chivo expiatorio era culparla de que Nadia hubiera golpeado a alguien y abandonado el proyecto. Las fotos que mandó tomar fueron capturadas desde ángulos engañosos y estaban borrosas, asegurándose de que a Renata le fuera imposible explicarse.
Pero jamás imaginó que entre esas imágenes se colaría una de Renata y Fabrizio, a la que también hicieron pasar por una prueba de infidelidad con el director. Cuando la verdad salió a la luz y se reveló que eran marido y mujer, todas las demás fotos quedaron invalidadas. Era obvio que había sido un montaje para hundirlos.
Y Renata no tuvo piedad: apuntó directamente contra la agencia de Thiago.
Fue como lanzarse piedras a su propio tejado. La empresa perdió toda credibilidad y cualquier derecho a réplica.
La mejor estrategia ahora era cerrar la boca, agachar la cabeza y desaparecer del internet.
Por la noche, Thiago fue a casa de Nadia.
Nadia no estaba. La niñera le estaba dando de cenar a la pequeña Bárbara.
Thiago tomó la cuchara y dijo que él le daría de comer.
La niña aún no se acostumbraba del todo a él. Al ver que le acercaba la comida, apartó el rostro de inmediato.
—No quero.
Su vocecita infantil hizo que Thiago soltara una carcajada.
En lugar de asustarse, la niña soltó una carcajada llena de euforia.
—¡Coye, coye!
Quería seguir corriendo.
Thiago la bajó al césped para que corriera ahí.
La niña dio un par de vueltas de prueba y, al ver que Thiago se había sentado, corrió hacia él y se acomodó en sus piernas.
—Luna.
La niña señaló la luna en el cielo. Thiago alzó la vista; en efecto, estaba especialmente brillante.
En ese instante, abrazando a su hija, sintió que ningún problema era el fin del mundo.
Su único propósito era proteger a su hija, proteger a Nadia, proteger a su pequeña familia.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...