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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1387

Nadie movió un dedo para ayudarla.

Los vecinos conocían perfectamente la calidad humana de Gloria y todo lo que había sufrido. Se acercaron en grupo, apartaron a la anciana a la fuerza y le dijeron a Fabrizio y a los demás que se llevaran a Gloria lo antes posible.

Renata le indicó a Fabrizio que subiera a Gloria al auto mientras ella iba por las maletas. Sin embargo, en un descuido, la anciana se soltó de los vecinos. Al ver que no alcanzaba a Gloria, agarró un trozo de escombro y se lo arrojó a Renata.

El golpe le dio directo en la frente. Se escuchó un impacto seco. Renata sintió que todo se volvía negro por un instante y luego notó un líquido caliente resbalando por su rostro. Por instinto, se llevó la mano a la frente; la tenía cubierta de sangre.

Al verla así, la propia anciana se llevó un gran susto.

—¡Y-yo no fui! ¡Yo no la toqué!

—¡Todos los que estamos aquí vimos clarito que fuiste tú! ¡Vamos a llamar a la policía ahora mismo, prepárate para ir a hacerle compañía a tu hijo a la cárcel! —Uno de los vecinos sacó su teléfono celular.

Al ver el teléfono, la anciana palideció de terror. Empujó a los que la rodeaban y salió corriendo a toda velocidad.

Los vecinos quisieron ir tras ella, pero Renata los detuvo.

¿De qué servía atraparla? Solo le traería más problemas a Gloria.

Cuando Renata se acercó cubriéndose la frente, Fabrizio y Gloria se alarmaron, aunque adivinaron de inmediato que había sido obra de la anciana.

—Señorita Morales, le pido mil disculpas —dijo Gloria con el rostro lleno de culpa.

Renata negó con la cabeza.

—No fue profundo, estoy bien.

Aunque le restó importancia, Fabrizio insistió en llevarla al hospital.

—Gloria, vete a tu casa por ahora. Si necesitas algo, llámame.

Tras darle indicaciones, Fabrizio se llevó a Renata a toda prisa.

Al verlos alejarse, una mezcla de emociones se reflejó en el rostro de Gloria, pero al final esbozó una sonrisa de alivio.

Menos mal que no había sido codiciosa en el pasado; de lo contrario, en ese momento, nadie la habría salvado.

La herida en la cabeza de Renata, en efecto, no era grave. Le aplicaron unas curaciones y le dieron el alta.

Sin embargo, mientras bajaban las escaleras, el destino quiso que Renata viera a Nadia caminando por el pasillo junto a una doctora, dirigiéndose hacia la sala de operaciones del área de ginecología.

Renata ató cabos de inmediato y adivinó lo que estaba a punto de suceder, así que sacó su celular y tomó una foto.

—Si tienes cosas que hacer, puedes irte. Yo me voy a quedar a ver un buen espectáculo —le dijo a Fabrizio, guiñándole un ojo.

Fabrizio no hizo preguntas.

—¿Me llamaste solo para decirme eso?

—¿Acaso te dijo qué parte de su cuerpo la tenía indispuesta?

—Renata, ¿qué demonios intentas decir?

—Está en el departamento de ginecología. Está a punto de entrar a cirugía.

—¿Qué?

—Te acabo de enviar una foto para demostrarte que no estoy mintiendo.

Dicho esto, Renata colgó de inmediato. Poco después, Thiago le envió un mensaje respondiendo a la foto: —¿Qué hospital es?.

Una vez que le mandó la dirección, Renata buscó un buen rincón y se quedó esperando en silencio.

Nadia tenía mucha prisa. Probablemente había pagado para que le habilitaran un quirófano exclusivo, y la doctora ya la había llevado adentro.

Cuando Thiago llegó a toda prisa, la cirugía aún estaba en proceso.

Al confirmar que se trataba de un aborto y que la paciente era Nadia, se enfureció tanto que empezó a golpear la puerta del quirófano, provocando que llamaran a los guardias de seguridad.

Los guardias lograron contenerlo. Esperó un rato más hasta que la cirugía terminó y vio salir a Nadia, apoyada en el personal médico. Apenas había salido del procedimiento, por lo que su semblante ya era pálido; pero al ver a Thiago en ese instante, perdió hasta la última gota de color.

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