—Thi... Thiago.
Durante el tiempo que los guardias lo retuvieron, Thiago había logrado calmarse un poco.
—¿De quién era? —preguntó con voz gélida.
Nadia rompió a llorar al instante.
—¿Podemos hablar de esto en casa, por favor?
—Te pregunté de quién era —Thiago se puso de pie de un salto y se paró justo frente a ella.
—Por el bien de Bárbara, hablemos en casa. Te lo suplico.
Thiago no estaba dispuesto a esperar. Solo pidió a los médicos, enfermeras y guardias que los dejaran a solas.
Nadia sabía que si no le daba una explicación en ese momento, Thiago no la dejaría en paz.
—Yo... como las cosas no iban bien con mi carrera, salí a beber en la noche. Me emborraché y, cuando desperté, estaba en la cama de un hotel. No sé qué pasó, ni sé quién era ese hombre. No me di cuenta hasta que descubrí que estaba embarazada.
—¿Me ves cara de imbécil? —Thiago apretó los dientes.
—¡Es la verdad! ¡Te juro que no sé quién es ese hombre y jamás planeé tener a ese bebé! Thiago, haz de cuenta que esto nunca pasó, ¡de todos modos ya lo aborté!
—Te lo voy a preguntar una vez más: ¿quién es?
—¡Puedes matarme si quieres, pero no lo sé!
Thiago cerró los puños con fuerza. Sabía que Nadia estaba mintiendo, y también sabía que no diría el nombre de ese hombre. Pero, justo en ese momento, su teléfono vibró. Al abrirlo, vio otra foto enviada por Renata.
La foto fue tomada de noche, pero era sumamente clara. Nadia, vestida con ropa de casa, paseaba tomada de la mano con un hombre cerca de su edificio. Su actitud era muy íntima y ambos irradiaban felicidad.
Conocía a ese hombre.
Era el primer amor de Nadia, el hombre que ella nunca pudo olvidar.
Thiago levantó el teléfono y, arrastrando cada palabra, preguntó:
—¿Hasta cuándo planeabas seguir viéndome la cara?
—¡Exijo que me digas toda la verdad ahora mismo!
—Te lo contaré todo, siempre y cuando me creas —se apresuró a prometer Nadia, notando que la actitud de Thiago se había suavizado un poco al tener a la niña.
—Vámonos a casa primero.
Al final, Thiago adoraba a su hija y decidió darle una última oportunidad a Nadia. Pero mientras esperaban el elevador, Benicio salió corriendo de su interior. Al ver a Thiago con Bárbara en brazos, se abalanzó para quitársela.
—¡Bárbara es mi hija, dámela!
Por puro instinto, Thiago protegió a la niña. Sin embargo, al escuchar las palabras de Benicio, su cuerpo entero se paralizó.
—¿Qué... qué acabas de decir? ¿De quién es hija Bárbara?
Aprovechando su desconcierto, Benicio le arrebató a la niña. Bárbara se aferró a su cuello y, con su tierna vocecita, exclamó: ¡Papá!.
En ese instante, Thiago sintió como si hubiera recibido un golpe brutal que lo rompió en mil pedazos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...