Thiago había regresado a la cárcel. Aunque a todos les pesaba, esta vez era diferente. Ahora tenía la mente clara y estaba pagando el precio por sus propios errores, no por los de alguien más.
—Ayer acompañé a su mamá a visitarlo y, para ser sincero, se veía de muy buen ánimo. Hasta bromeaba, como si hubiera vuelto a nacer —comentó Ignacio, soltando un suspiro—. Aunque sigue insistiendo en que no vayamos a verlo.
Jairo asintió.
—Pasar por la cárcel dos veces para abrir los ojos y conocer la verdadera cara de una persona... al menos sirvió de algo.
Ignacio volvió a suspirar.
—Sí, es mejor que vivir engañado. Por cierto, me enteré de que a Nadia le va a caer todo el peso de la ley. Manejar ebria, dejar a alguien malherido, omisión de auxilio y conseguir a alguien para que asuma la culpa... Con todo eso junto, su vida está completamente arruinada.
—Oigan, ¿por qué Tatiana no ha llegado? —preguntó Isabella, mirando el reloj. Habían quedado a las ocho y ya pasaban de las diez.
—Le surgió un imprevisto, va a llegar un poco más tarde —respondió Ignacio sin pensar.
Isabella lo miró extrañada.
—Fui yo quien la invitó. Si iba a llegar tarde, ¿por qué no me avisó a mí y a ti sí?
Ignacio se dio cuenta de que había hablado de más.
—Ah, nos cruzamos antes de venir y me avisó.
—¿Y en dónde se cruzaron?
Ignacio apretó los labios. Por supuesto que se habían cruzado en su casa. De hecho, desde la noche anterior hasta esa misma tarde, habían estado muy entretenidos enredados en las sábanas. No eran pareja ni pretendían serlo, simplemente había mucha química física y disfrutaban del momento. Pero explicarle eso a los demás era un dolor de cabeza, así que inventó una excusa rápida.
—En el centro comercial.
Isabella, que era muy astuta, notó de inmediato que estaba mintiendo, pero decidió no insistir.
Poco después, Tatiana por fin apareció.
Llevaba unos pantalones cargo, una chaqueta de mezclilla y el cabello corto. Su presencia desprendía una confianza arrolladora. Mientras caminaba hacia la mesa, tanto los meseros como los demás comensales no podían evitar girar la cabeza para mirarla.
Tenía facciones muy definidas, pero sin perder su encanto femenino. Era el tipo de belleza fría e impactante que hipnotizaba a cualquiera.
—La Hermandad Gutiérrez ha cortado muchos de sus negocios turbios. En pocas palabras, queremos entrar al mercado legal. Mi papá me puso a cargo de esta área y me prohibió involucrarme en los asuntos del bajo mundo.
Isabella asintió con aprobación.
—Me parece perfecto.
—En realidad, él quería retirarse desde hace tiempo, pero hay que cerrar bien todos los frentes para evitar problemas en el futuro.
Después de cenar, todos se despidieron para ir a casa.
Isabella y Jairo se fueron primero, e Ignacio se ofreció a llevar a Tatiana.
Tatiana chasqueó la lengua y lo miró con ironía.
—¿No decías que apenas y nos conocíamos?
Ignacio sabía que se refería a lo que había pasado un rato antes. Frente a Jairo e Isabella, cuando Jairo sugirió que la acompañara, él soltó un "Ni siquiera sé dónde vive", lo cual claramente no le había hecho gracia a Tatiana.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...