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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1409

El auto se detuvo frente a la elegante casa donde vivía Tatiana. Al ver la residencia, Fabio negó con la cabeza, soltando una risa cargada de amargura.

—¿De qué te ríes? —preguntó Tatiana, arqueando una ceja.

—Estuvimos juntos tanto tiempo y jamás me enteré de que eras la heredera de la Hermandad Gutiérrez.

—En esa época había cortado lazos con mi papá.

Así que no se trataba de un engaño calculado, sino de su deseo de no ser vinculada con la organización. Aun así, viéndolo en retrospectiva, a ella misma le parecía una actitud un poco inmadura.

Justo cuando Tatiana estaba a punto de abrir la puerta principal, la luz del segundo piso se encendió de golpe.

—¿Hay alguien en tu casa?

Tatiana frunció el ceño con extrañeza.

—Vivo sola.

Al escuchar eso, Fabio rodeó rápidamente la parte delantera del auto y se colocó justo detrás de ella.

—Déjame entrar contigo a revisar.

—No te molestes. Si es un ladrón cualquiera, puedo manejarlo sin problemas.

Mientras hablaba, empujó la puerta para entrar, pero Fabio insistió en acompañarla y se adelantó para ser el primero en cruzar el umbral.

Tatiana se encogió de hombros, dejándolo hacer lo que quisiera. El sistema de seguridad de la zona era de primera, así que era casi imposible que se metiera un ratero común. Si alguien había logrado entrar, tendría que ser gente del bajo mundo que estuviera tras sus pasos, y en ese caso, sí valía la pena tener cuidado.

Fabio iba un paso adelante, explorando con cautela, mientras Tatiana lo seguía de cerca. Pensó que, si la cosa se ponía fea, sería ella quien tendría que terminar salvándolo.

Al entrar, todo estaba envuelto en un silencio sepulcral.

—Quédate aquí abajo. Yo subo a revisar —le susurró Fabio. Pisando con cuidado, comenzó a subir las escaleras.

Tatiana, que en un principio no le había dado tanta importancia, empezó a contagiarse de la tensión al ver su actitud alerta, así que decidió dar una vuelta por la planta baja para asegurarse de que todo estuviera en orden.

Mientras tanto, Fabio llegó al segundo piso y se dirigió directamente a la habitación donde había visto la luz. No había nadie. Pensó en asomarse al balcón, pero de repente percibió unos pasos silenciosos a sus espaldas. Se giró a la velocidad del rayo, alcanzando a ver únicamente una sombra que se escurría en la oscuridad.

Sin dudarlo, salió en su persecución. Siguió la silueta hasta la pequeña sala de estar de la planta alta, pero al llegar allí, el intruso parecía haberse esfumado.

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