Fabio comprendió de inmediato que el padre de Tatiana estaba sacando conclusiones equivocadas.
—Señor, la verdad es que nosotros solo somos amigos.
—¿Amigos, nada más?
—Sí, solo eso.
—¿No me estás mintiendo?
—No le está mintiendo —interrumpió Tatiana, subiendo las escaleras con el botiquín de primeros auxilios en las manos—. Para ser más exacta, es mi exnovio, así que por favor no empieces a hacerte ideas raras. Ya intentamos estar juntos, vimos que no funcionábamos, y ahora lo mejor es que cada quien siga por su lado como amigos.
El padre de Tatiana soltó un suspiro, lleno de decepción.
—Con el trabajo que me cuesta encontrar a un yerno que valga la pena... Seguro fue por tu mal carácter que el muchacho decidió dejarte.
—Habíamos quedado en que no te ibas a meter en mi vida privada.
—¡Por favor! ¿Qué clase de padre no se preocupa por el futuro de su hija?
—¡Papá!
—Está bien, está bien. Ya no digo nada.
Tatiana era su única hija, y desde la vez que casi corta lazos con él de forma definitiva, el líder de la Hermandad había aprendido a no colmarle la paciencia.
Mientras Tatiana le aplicaba la pomada en el rostro a Fabio, no pudo evitar interrogar a su padre.
—¿Se puede saber a qué viniste a mi casa a estas horas de la noche?
—Yo... nada, simplemente te extrañaba y pasé a verte.
Tatiana entrecerró los ojos con desconfianza.
—¿De verdad crees que nací ayer?
—Ejem... bueno, alguien me comentó que estabas saliendo con un muchacho nuevo, y vine a echar un vistazo.
—¿A quién le gusta tanto el chisme?
—Entonces, ¿es verdad? ¿Tienes novio?
—No.
El padre volvió a suspirar con pesadez. Tatiana, harta de sus cuestionamientos, le indicó que ya era hora de que se fuera a su casa.
—Es cierto, ya es bastante tarde. Yo también me retiro —dijo Fabio poniéndose de pie.
Tatiana, que ya había terminado de curarlo, le dio las gracias de forma breve y los acompañó a ambos hacia la salida.
Ya afuera, Fabio ofreció por cortesía:
—Señor, si gusta, lo puedo llevar a su casa.
Al escuchar eso, a los ojos del viejo líder les brilló una chispa de picardía.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...